Viernes 01 de marzo de 2013
El mismo día que se hacía pública la muerte de Abú Zeid, uno de los principales dirigentes de Al Qaeda en el Magreb Islámico, Francia instaba al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para que solicitase a su secretario general, Ban Ki Moon, la posibilidad de desplegar una fuerza de paz en Malí. Hay que decir que la ONU ya había aprobado en diciembre la creación de la AFISMA, una fuerza internacional cuyo objetivo sería el de ayudar al ejercito de Malí islamistas del norte del país. Pero dicho contingente no iniciaría sus operaciones hasta septiembre, motivo por el cual Francia se decidió a actuar junto a las autoridades locales.
Sobre el papel, Francia defiende al actual gobierno maliense del ataque de Al Qaeda. Pero detrás de todo ello subyace un motivo económico tan importante como es el uranio. El país africano contiene dicho mineral en gran cantidad, utilizado por Francia en sus centrales nucleares. Conviene recordar, así mismo, que del uranio se extrae el plutonio, cuyo uso puede destinarse a fines pacíficos o a la construcción de armamento nuclear. Y por más que esta razón no aparezca al lado de la de la defensa de la democracia en Malí, para los intereses de Francia es igual de poderosa que la primera.
Ahora bien, a Europa debería de inquietarle más tener una base islamista en el Sahel como la que podría haber constituido Al Qaeda en Malí de no haber tomado Francia cartas en el asunto. Más allá de los intereses comerciales de París está la seguridad del continente europeo. Y esa es una tarea en la que todos se deben involucrar, no sólo Francia.
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