CRÍTICA
Domingo 03 de marzo de 2013
Paul Auster y J. M. Coetzze: Aquí y ahora. Cartas 2008-2011. Traducción de Benito Gómez Ibáñez y Javier Calvo. Anagrama & Mondadori. 272 páginas. 18,90 €. Libro electrónico: 12,99 €
Las cartas entre Paul Auster y J. M. Coetzee resultan un documento de notable interés para los seguidores de ambos escritores y una curiosidad destacable para quienes no lo sean. Estas poseen una de las virtudes de las que carecen muchos de los títulos adscritos a ese género: parecen concebirse para poder ser leídas por un público amplio y funcionan perfectamente como un diálogo fluido y libre (aunque algo desordenado) entre sus autores. De ahí que el lector no se encuentra perdido en ningún momento, como sucede en otros libros de cartas, donde uno trata de forma recurrente de imaginar cuál pudiera ser la recepción y la respuesta de los destinatarios de los escritos. Entre 2008 y 2011 Paul Auster y J. M. Coetzee mantuvieron una intensa correspondencia en la que se ocupaban de un gran número de asuntos.
Ahora bien, todo lo ya señalado nos aboca inevitablemente a hacernos algunas preguntas: ¿cuántas de esas cartas se escribieron tal y como aparecen en esta edición?, ¿hubo algunas que fueron suprimidas o reescritas con motivo de su publicación?, ¿eran conscientes de que su correspondencia iba a ser publicada posteriormente? Con todo, desde mi punto de vista, el libro posee otra virtud incontestable: mostrarnos a estas dos figuras públicas, más como seres humanos, especialmente al principio, que como dos autores consagrados. Auster y Coetzee “charlan” tranquilamente como amigos (las primeras cartas del libro reflexionan acerca de la amistad) sobre diversos temas a lo largo de sus páginas. Ese charlar tranquilo, sereno y despreocupado, siendo una de sus mayores virtudes, puede ser visto como su mayor defecto. Ambos escritores van saltando de un tema a otro sin demasiada lógica lo que deshace la monotonía discursiva, pero impide la profundización en las cuestiones. En otros casos, da la impresión de que insisten en exceso sobre determinados asuntos, una vez que el clímax ya se ha alcanzado (así sucede en los recurrentes pasajes dedicados al deporte que se retoman en diversas ocasiones). Seguramente el motivo último que esté detrás de esas recurrencias es la búsqueda de un leitmotiv que no convierta la correspondencia en una pieza deslavazada y el deseo de reproducir en las cartas una conversación fluida, desenfadada y sin pretensiones.
Esa fragmentación temática que se sucede en las cartas resulta muy comprensible desde la perspectiva anterior; ahora bien, quizá los lectores esperen algo más que una conversación entre dos personas normales, puesto que de ser solo eso (dos personas normales) los lectores con toda probabilidad no se acercarían al libro. ¿Solución? No la hay. Aquí y ahora se debe aceptar tal y como es, con sus virtudes y sus defectos. El pequeño caos temático que aparece en las primeras páginas recorre más de la mitad del libro y en él se dan cita: la amistad; una reflexión sobre los números y su relación con la actual crisis económica y el capitalismo; Samuel Beckett; el festival de cine de Cannes y Charlton Heston; ciertas elucubraciones acerca del deporte; el tema del incesto; la crítica literaria; la lengua materna y las variedades “dialectales” del inglés; la tradición poética norteamericana del siglo XX (brillantemente sintetizada y recogida por Auster en un par de cartas); algunas consideraciones sobre el funámbulo Philippe Petit y la película Alcanzar las nubes; etc. A partir de la página 150 aproximadamente, esa amalgama temática logra atenuarse, ambos escritores parecen haberse acoplado perfectamente a la dinámica epistolar, y el número de temas resulta más restringido o, al menos, mejor dirigido. Es ahí donde el libro contiene sus mayores logros y sus autores manifiestan arriesgadas opiniones con una solvencia incuestionable.
Es allí donde aparece: la política estadounidense (“Este es, al fin y al cabo, el país en el que G. W. Bush, vástago de la riqueza y los privilegios, puede aparentar que es un «tío normal» -y salirse con la suya-, mientras que a Obama, que se crió en circunstancias difíciles, se le considera un «elitista»”, suscribe Auster); el conflicto palestino-israelí (“La derrota es algo que existe y los palestinos han sido derrotados […] la derrota no tiene que ver con la justicia, tiene que ver con la fuerza, la fuerza mayor”, escribirá Coetzee); y la literatura, tema que abarca la última parte del libro, donde ambos escritores regalan al lector sus reflexiones y experiencias como autores, y dejan al desnudo sus procesos de trabajo: “La habitación en la que se desarrolla mi acción ficticia es un sitio muy desnudo, un cubo vacío (…), dirá Coetzee; “Se trata de asentar la imaginación en lo concreto, pienso yo, lo que permite creer -o lleva engañosamente a creer- que las cosas sobre las que uno escribe están ocurriendo efectivamente”, subraya Auster.
Me gustaría destacar, por último, la presencia temática del cine a lo largo de toda la correspondencia. Es quizá este el único elemento que hilvana toda la serie de cartas, pues aparece de manera recurrente de principio a fin. Directores de cine, actores, filmes y experiencias como jurado en algunos festivales importantes, etc. hacen esta obra apta para todos los amantes del Séptimo Arte.
Por Óscar Curieses
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