Opinión

Pacto por el empleo y la competitividad

Javier Zamora Bonilla | Martes 05 de marzo de 2013
Ayer se conoció que el paro registrado superó por primera vez la cifra de 5.000.000 desempleados tras el aumento de casi 60.000 nuevos parados; en concreto, son ya 5.040.222 las personas que están registradas en las oficinas de empleo. Si miramos los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), que refleja la gente que busca empleo esté o no inscrita en las oficinas públicas, el panorama es aún peor: casi 6.000.000 sin trabajo.

En el último año, ya con el Gobierno de Mariano Rajoy, el paro registrado ha crecido en casi 330.000 personas. Si bien la argumentación gubernamental de que la destrucción de empleo se ha ralentizado es cierta, la verdad es que tal argumento da pocas razones y ninguna esperanza a los millones de parados de nuestro país y muy especialmente a los muchos que viven en hogares donde ninguno de sus miembros trabaja y, por tanto, no obtienen ingresos y ya no ven ninguna salida a esta crisis. El paro, como hemos comentado en otras ocasiones, es un problema, pero no el problema, porque éste es un modelo económico insuficientemente competitivo, incapaz de conseguir financiación y, por lo tanto, de generar inversiones, crecimiento económico y puestos de trabajo en el volumen y al ritmo que necesita una población activa que llegó a ver la cota de 20 millones de afiliados a la Seguridad Social como posible hace apenas cinco años. Ahora, sólo se superan por poco los 16,1 millones, y en el último año dejaron de cotizar casi 750.000 personas, 50.000 de ellas en el último mes y entre las mismas muchos autónomos; esto es muestra de que la gente no puede ya más y se ve obligada a cerrar sus pequeños negocios porque no puede hacer frente a las cuotas de la seguridad social y al resto de gastos fijos, dado que sus ingresos se reducen drásticamente.

Además, el paro juvenil sigue creciendo y las nuevas generaciones van cayendo en la desesperanza que trae el que la mayoría de nuestros jóvenes no otee un horizonte cercano con alguna perspectiva de un futuro alentador: la cola del paro o salir de España a buscar trabajo es la única salida que ven muchos chicos cuando acaban sus estudios.

El Gobierno, que llegó con la promesa de enmendar el rumbo del anterior y encaminar a la sociedad española hacia la salida de la crisis, se encuentra cada día con la contraria rotundidad de las cifras macroeconómicas respecto a sus objetivos: el paro es una de ellas, la más preocupante y la que más afecta directamente a la vida real de millones de personas, pero conviene no olvidar otras, por ejemplo, el incremento absolutamente desbordado de la deuda pública en el último año.

El reconocimiento de que las medidas aprobadas por el Gobierno no han dado los frutos que de ellas esperaba no sólo buena parte de la sociedad sino también el mismo Gobierno debería producirse rápido, en lugar de remitir a las calendas griegas del 2014 toda esperanza de recuperación. Como tampoco se ve ninguna política alternativa en materia económica por parte de la oposición, que ya ha reconocido los pasados errores y los purgó en las urnas, la única salida posible a esta lamentable situación y cerrazón de futuro es que el Gobierno lidere un gran pacto social por el empleo y la competitividad y atraiga a una mesa de diálogo a los partidos políticos, a las Comunidades Autónomas y a los entes locales, a las organizaciones empresariales y sindicales, y a todas las entidades de la sociedad civil que puedan aportar algo para diseñar nuevas políticas que marquen el rumbo de la recuperación, la inversión, el crecimiento económico y la creación de empleo. No es el único pacto necesario, pero sí el más urgente.

No somos ilusos y sabemos que el clima político actual hace muy difícil no sólo llegar a los acuerdos necesarios sino incluso comenzar el diálogo. El Gobierno y la oposición deberían tener la grandeza de miras suficiente para poner por delante los intereses generales a los de partido. No se trata de apartar del debate público los muchos otros problemas en los que la discusión entre el Gobierno y los partidos de la oposición es legítima, ni de guardar en un cajón cuestiones sobre las que la sociedad desea mayor claridad, como los múltiples casos de corrupción. No se trata de dejar estas cuestiones al margen, sino de, sin perjuicio de que las mismas sigan su curso, haya un núcleo de personas centradas de formo exclusiva en la consecución de ese gran pacto en beneficio del interés común.

Además, somos conscientes de que en el marco internacional que nos es propio no es fácil que las políticas que nacieran del pacto pudieran tener éxito si se hicieran aisladamente sólo desde un país. El Gobierno, apoyado en la fuerza de este gran pacto, tiene que buscar los socios europeos que permitan dar un giro a las actuales políticas restrictivas de la Unión y señale un nuevo y ambicioso programa de inversiones en infraestructuras, I+D+i, educación, sectores industriales tecnológicamente más avanzados, agricultura de calidad, renovación de las infraestructuras del sector turístico y mejora de la conservación del patrimonio cultural, que sigue siendo un gran referente europeo... Europa ha sido desde sus orígenes ciencia y cultura de humanidades: la buena combinación de ambas debe seguir formando parte de nuestro futuro.

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