La muerte del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, no sólo dejó huérfano al movimiento político que presidió por más de una década, también plantea el interrogante en torno a quién será el sucesor del líder bolivariano. Aún cuando el vicepresidente Nicolás Maduro se perfila como el heredero natural, el exsindicalista no termina por convencer en las bases del chavismo.
Venezuela llora a su presidente Hugo Chávez, fallecido este martes a los 58 años, a causa de un cáncer del que hasta la fecha no se conocen detalles precisos. Mientras un atípico luto rojo inunda los alrededores de la Academia Militar, en donde se encuentra el cuerpo del líder suramericano, el chavismo busca recomponer sus bases para superar la pérdida del padre omnipresente, que a última hora nombró como
su “delfín” al vicepresidente Nicolás Maduro.La lealtad del exsindicalista hacia el jefe de Estado, le garantizó la sucesión. Sin embargo dentro de las filas del
Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Maduro no convence, sobre todo a los que conforman el ala más nacionalista del partido y a un grupo de miembros de la cúpula militar venezolana, que se inclinarían hacia el influyente presidente de la
Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, para que tome el bastón de mando.
Los analistas políticos apuntan a que la designación de Maduro como heredero de Chávez, fue una decisión influenciada por los hermanos Fidel y Raúl Castro, en una estrategia del politburó para garantizar
los subsidios de Caracas a La Habana, ante el riesgo de que la isla atraviese con la muerte del socio bolivariano, un nuevo período de crisis económica, similar al que sufrió en la década de los 90, tras el colapso de la Unión Soviética.
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El vicepresidente posee el visto bueno de los Castro. Un beneplácito que no tiene Cabello, quien nunca mostró interés a que se le relacionase con el régimen caribeño. De hecho, el exmilitar jamás había pisado la isla, hasta las últimas horas de su compañero de armas.
Ahora sin su columna vertebral, la unidad que ha caracterizado el chavismo corre el riesgo de fracturarse en dos vertientes: 1) en aquella que se inclina hacia
un neocastrismo, que es lo que se ha observado en estos 89 días con Maduro al mando; y 2) el retorno a los orígenes del
“movimiento bolivariano”, un socialismo de carácter nacionalista y castrense, en donde Cabello tiene opciones de mando.
Curiosamente, sendas corrientes comienzan a ponerse de manifiesto en estos días de duelo en Venezuela. Durante la multitudinaria procesión funeraria que llevó al presidente fallecido hacia las capilla ardiente de la Academia Militar, algunos seguidores no dudaban en manifestar su confianza hacia Maduro, entre tanto que otros, apuntaban hacia Cabello como el líder que les ayudaría a continuar con la “revolución” del “comandante presidente”.
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La hipótesis de una división en el las filas del PSUV, comienza a cobrar fuerza a raíz de que este miércoles
fue publicada en Gaceta y sin pasar por votación parlamentaria, el decreto que designa a Maduro como “presidente encargado”.
Un gesto que no sólo pasa por alto a la Asamblea Nacional bajo la autoridad de Cabello, sino que también el orden constitucional del país, ya que la Carta Magna establece que en casos de
ausencia absoluta del jefe de Estado, es el presidente del parlamento y no el vicepresidente de la República el que debe asumir el cargo hasta nuevas elecciones.
Otro tercer liderazgo podría
venir de la mano de Adán Chávez, el hermano mentor e ideólogo del chavismo y un político muy respetado dentro de las bases del partido.
Aún cuando el actual gobernador del Estado Barina ha permanecido en la sobra, su figura resulta clave para
el futuro de la revolución bolivariana. El que cuente con su “bendición”, supone ganar la herencia política de Chávez. Sin embargo su discreción no debe ser subestimada, ya que no hay que descartar que pueda asumir un mayor protagonismo de cara a los próximos días y replantear una estrategia para socialismo venezolano.
En lo que sí coincidirán estas fuerzas, es en la elevación a los altares de Hugo Chávez Frías como el gran héroe nacional contemporáneo. Mantener viva la memoria del “comandante presidente” además de suponer un oxigeno vital para el chavismo, compensa la
falta de carisma y las debilidades políticas de sus “caciques”.