Sábado 09 de marzo de 2013
La moción de censura por la que el PSOE arrebataba ayer la alcaldía de Ponferrada al PP es un despropósito. Coincidía, además, con el día de la Mujer Trabajadora; día elegido por los socialistas de la población leonesa para poner a Samuel Folgueral como alcalde con el apoyo de un concejal condenado por acoso sexual, Ismael Alvarez. Se da la circunstancia, además, de que éste último militó en el PP, pero dimitió antes de que le expulsasen por acosar a una compañera de partido -el tristemente célebre “caso Nevenka”-.
Está bien que Carmen Chacón se desmarcase de sus compañeros leoneses tildando lo sucedido ayer de “insoportable”, pero no basta. Aparte de apelar al pacto antitransfuguismo, Ferraz debe pronunciarse y actuar al respecto. Rubalcaba no puede permitir que el nombre de su partido se vincule a algo así. Por otra parte, este hecho explica porqué la ciudadanía percibe a la clase política más como un problema que como una solución. Raro es el día en el que algún político no es noticia por algo reprochable. Ayer, sin ir más lejos, aparte del bochorno de Ponferrada se conocían las exorbitantes dietas que cobraron de Caja Navarra altos cargos de UPN por el mero hecho de asistir a reuniones -5.000 euros por día-. Ni la presidenta de la Comunidad Foral, Yolanda Barcina, si su antecesor en el cargo, Miguel Sanz, han dado aún explicación convincente alguna.
La moción de censura es una herramienta legal, como también lo es el cobro de dietas por desempeñar determinados trabajos. Ahora bien, hurtar la voluntad popular con la ayuda de un acosador sexual o enriquecerse de manera poco ética cobrando cifras astronómicas por no hacer nada son una gota más en ese enorme mar de descrédito político dominado por la corrupción.
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