Miércoles 13 de marzo de 2013
El resultado del referéndum celebrado en las islas Malvinas sobre su estatus como “territorio británico de ultramar” ha sido demoledor: de los casi 1.600 votantes -más del 92 por ciento del censo electoral, lo que denota la elevada participación-, sólo 3 de ellos se opusieron a seguir como hasta ahora. El referéndum en cuestión no es vinculante ni para Argentina ni para Gran Bretaña, aunque a juicio de la portavoz del Departamento de Estado estadounidense, Victoria Nuland, sí “muestra bien a las claras cuál es la voluntad” de los kelpers -sobrenombre recibido por los isleños-.
Desde que la dictadura militar argentina pagase con una durísima derrota el error de invadir las islas en 1982, la situación pareció estabilizarse durante un tiempo. Sin embargo, Cristina Fernández de Kirchner decidió desempolvar viejos rencores y empezó a azuzar las brasas de un conflicto que para buena parte de los suyos aún escuece. La atropellada forma de hacer política de Kirchner la mueve a utilizar este asunto como cortina de humo de su calamitosa gestión al frente del país. Un país que tiene retos bastante más acuciantes que reclamar la soberanía de un territorio que sabe que no obtendrá. Las autoridades argentinas necesitan menos populismo y más sentido común.
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