José Manuel Cuenca Toribio | Viernes 15 de marzo de 2013
Efectivamente: El libro Recuerdos de un Soldado, del general Heinz Guderian, no sólo se acreditó desde su publicación como un clásico militar, sino que también lo es en el puro terreno literario. Su sobria pluma estuvo muy dotada para el registro y descripción de caracteres muy diversos, así como para la pintura de paisajes físicos y ambientes sociales de gran riqueza. En las derrotas y victorias –sobre todo, en las sobrevenidas en el campo de batalla- se aprecian con nítida luz las virtudes de los hombres, y Guderian fue actor y testigo de incontables lances de tal naturaleza. Soldado siempre, rindió invariable tributo a los valores morales encarnados en muchos de sus jefes y subordinados, con prosa de raigambre tacitiana y pulsión tremente, pese a su recato y gusto por preservar su intimidad.
De modo, pues, que su lectura, obligada, conforme es bien sabido, para reconstruir con fidelidad varios de los capítulos esenciales de la segunda guerra mundial –(sobre la primera sus acotaciones no carecen de interés, y subrayado en diferentes planos)-, sea igualmente muy aprovechable en orden a una aproximación fidedigna al escenario en el que se desplegó el III Reich, con personajes considerados muy exactamente como arquetipos de las fuerzas del mal. Respecto al primero de entre ellos, Hitler, el pincel de Guderian, sin ocultar la profunda reluctancia de un hidalgo prusiano de acusadas convicciones luteranas, ofrece todas las garantías del verismo. Prevalido de su absoluta independencia y entrega a su profesión y tal vez también del respeto y un punto de simpatía que el dictador le mostrase en todo momento, describirá con objetividad la conducta del Fürher en coyunturas cruciales así como su comportamiento cara a la cúpula política y castrense de su régimen. Especialmente de interés serán, al respecto, los textos guderianos relativos al inicio y postrimerías de la contienda, instantes en los que Hitler semejó, a las veces, presentar su perfil más humano. Páginas en extremo vívidas por el íntegro soldado las trazadas por el íntegro soldado en este punto, como también se descubren así las consagradas a exaltar el honor del ejército alemán frente a los desmanes e injerencias de unas SS. convertidas en bestia negra y frecuente blanco de sus dardos críticos. Aunque carente de lazos familiares castrenses, la educación recibida y la ejemplaridad de muchos de sus maestros determinarían que el inspirador de las Panzerdivisionen creyera que el ejército alemán había constituido una de las grandes creaciones de la historia…
Como principal cantera de enseñanzas y experiencias de todas las generaciones que siguieron a las de sus protagonistas, la segunda conflagración mundial será todavía por algún tiempo la más importante referencia que en múltiples disciplinas y actividades quepa hacer al legado más inmediato de la historia. Pero tal razón no es la única que devuelve actualidad al testimonio de quien fuese el más famoso estratega de la guerra. El retorno en nuestros días de su idolatrada nación al liderazgo indiscutido de una Europa bien distinta, por fortuna, a la abanderada por el nazismo, presta a la obra de Guderian un atractivo singular, al margen del simplemente militar. Escrita en el arranque mismo del denominado “milagro alemán”, impresiona en su relato la fe en los destinos de su país como uno de los grandes pueblos europeos y la indeclinable confianza en el esfuerzo de sus compatriotas para devolverlo a un horizonte luminoso. “¡Fuisteis los mejores soldados! ¡Sed los mejores ciudadanos de nuestro pueblo! ¡No os crucéis de brazos y no neguéis a la patria vuestra ayuda en los tiempos difíciles! ¡Poned todas las fuerzas corporales y espirituales al servicio de la reconstrucción, cada uno en su puesto, en el que le haya destinado dentro de la colectividad nuestra dura suerte! (…) Si todos juntos nos ponemos a trabajar por nuestro pueblo, brillará de nuevo para nosotros el éxito y Alemania existirá”.
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