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Un infierno dulce, la sed de venganza y los sibaritas, los obstáculos de Champions

cuartos de final de la Copa de Europa

Viernes 15 de marzo de 2013
Real Madrid, Barcelona y Málaga ya conocen a los rivales que deberán tumbar para allanar el camino a la final de Wembley. El sorteo ha deparado contrincantes asequibles a los dos gigantes de nuestro balompié y un hueso muy duro al histórico club malagueño. Tres equipos de estilos, carácter e identidad muy diferentes que EL IMPARCIAL disecciona. Eso sí, comparten futbolistas de elevada talla. Nombres como Götze, Reus, Lewandowsky, Ibrahimovic, Lavezzi, Lucas Moura, Sneijder, Drogba o Burak Yilmaz se han convertido, desde este viernes, en los obstáculos destacados del fútbol patrio.

Steve McManaman, estiloso ex jugador del Real Madrid y el Liverpool de los noventa, ejerció de mano inocente para decidir el futuro cercano de los representantes del fútbol español que sobreviven en la máxima competición continental. De su elección surgieron los dispares clubes que se cruzan en el camino de Real Madrid, Barcelona y Málaga en el camino o ensoñación -el tiempo lo dirá- hacia la final del 25 de mayo en el renovado estadio londinense por excelencia: Wembley. El extremo inglés de sonrisa eterna cerró la configuración de los cuartos de final de la Champions League 2012-13 diseñando un emparejamiento sublime, en el que se miden dos equipos rocosos. Es, sin duda, la eliminatoria más igualada y, por ende, la más interesante: Bayern de Munich contra Juventus. Es decir, el líder de la Bundesliga -y doble subcampeón de las últimas ediciones de la Copa de Europa y el actual campeón y comandante del Calcio italiano.

Pero no es este el enfrentamiento que nos atañe. Es menester analizar a los ladrillos que conforman el muro de los cuartos de final para los conjuntos nacionales. El bloque dirigido por Jose Mourinho se medirá al sorprendente Galatasaray, remozado con dos regalos navideños llamados Didier Drogba y Wesley Sneijder; El Barça tendrá que doblegar al recién construido París Saint Germáin y a su líder, el ex más ilustre de los últimos tiempos, Zlatan Ibrahimovic; el equipo andaluz, por su parte, se ha llevado sin duda la peor parte, ya que deberá permanecer firme a la interpretación del juego combinativo más brillante que se recuerda en Alemania y no caer al embelesamiento del amicioso Borussia Dortmund. Así pues, EL IMPARCIAL analiza las claves de las tres escuadras que tratará de amargar el mes de abril a los nuestros.



Galatasaray: Un viejo zorro en el banquillo para guiar a la estrella turca, a Drogba y Sneijder

Fatih Terim es el mayor peligro que el Galata guarda para el Real Madrid. El entrenador otomano constituye un símbolo en su país y, antes de pasar por los banquillos de A.C.Milan y Fiorentina, ganó la Copa de la Uefa con el Galatasaray en el 2000. Sus equipos expresan la filosofía de su técnico y despliegan sin salirse del guión, la hoja de ruta diseñada por su preparador: trabajo, repliegue defensivo, balón parado y agresividad. Bajo estos elementos se ha construido el "León" turco que regresa a esta fase de la Champions 12 años después y que, como recordará el seleccionador español Vicente del Bosque, le ganó la Supercopa de Europa a los merengues en el 2000.

El bloque de Estambul basa su disposición sobre el terreno de juego en el orden táctico y unos cimientos defensivos resistente, aunque su irregularidad solo le ha permitido mantener su portería a cero en una ocasión en la presente edición de la Copa de Europa. Con el eficaz portero uruguayo Fernando Muslera bajo palos, pretendido cerrojo se cimenta en la experiencia del ex Arsenal Emmanuel Eboue, la potencia y sacrificio del mediocentro Felipe Melo -que se convierte en un tercer central según la ocasión- y el despliegue físico del español Albert Riera -reconvertido a carrilero-, Dany Nounkeu y Semih Kaya. El esquema se refuerza con un centro del campo liderado por el equilibrio que otorga Hamit Altintop -en mejor estado de forma este año que en su estancia en Chamartín-. Pero es en tres cuartos de campo donde el Galatasaray ha crece en bagaje. Los fichajes de Wesley Sneijder y Didier Drogba, pese a no encontrar su mejor estado físico, han iyectado desde su llegada la mentalidad ganadora que ha llevado a los turcos a eliminar "in extremis" al Schalcke.

La guinda a un bloque inconsistente en la práctica se encuentra en la punta de ataque. La adquisición del otrora letal Drogba no hace sino reforzar el delantero indiscutible, la nueva estrella del fútbol otomano: Burak Yilmaz. El atacante acompaña a Ronaldo en la cima de los goleadores de la Champios con ocho dianas, conseguidas de todas las maneras imaginables. Yilmaz es un rematador potente, con buen juego aéreo y astuto para encontrar el camino del gol. Lleva sin erosión la responsabilidad de liderar a este equipo en la Liga Turca -donde marcha en la primera plaza- y, en a la selección nacional.

Sin embargo, pese al brillo de la zona atacante, que goza del aliño del ariete Bolut y el desequilibrio del marroquí Nordin Amrabat, el Real Madrid no debería pasar problemas para golear a los pupilos de Fatih Terim en Madrid y en Turquía. El Turk Telekom Arena, que será una hoya a presión en el partido de vuelta sea cual sea el resultado del Bernabéu, no impone tanto como el Ali Sami Yen en el que cayeron algunos de los mejores equipos continentales en los años 90 y primeros 2000. Las posesiones largas del rival desajustan su ansiado balance defensivo y las transiciones rápidas -marca registrada del Real Madrid- erosionan las opciones de victoria del Galatasaray. Por ello, y por la flagrante diferencia de calidad técnica entre ambos equipos, es el rival más dábil de los cuartos de final.



Paris Saint Germáin: Un caos millonario que se aferra a la sed de venganza de Ibrahimovic

Cuando Nasser Al-Khelaifi tomó posesión del club parisino en verano de 2011, prometió construir un equipo campeón de Europa. Para lograr este ambicioso objetivo, la Qatar Investment Authority ha invertido desde entonces casi 200 millones de euros en fichajes, además de tratar de transformar la identidad del club, cultivar un fervor futbolístico en el ciudadano de la capital gala y explotar los derechos de imagen recién adquiridos -David Beckham- como hacen los gigantes del deporte. Un proyecto faraónico que se cruza ahora en el camino del renqueante Barça.

Sin embargo, la magnificencia de la apuesta no se corresponde, de momento con los resultados. Carlo Ancelotti -el entrenador al cargo de este avión- todavía lucha por otorgar de automatismos de equipo a la brillantes individualidades de su equipo. Es presumible que no llegue a tiempo el pegamento que cohesiones a una plantilla renovada casi en su totalidad en los últimos dos años.

Sobre el césped, el París Saint Germáin se ha asegurado de poblar su centro del campo y delantera de los mejores jugadores que la Liga Italiana podía ofrecer al mercado. El foco absoluto del juego ofensivo y del carácter gira en torno a Zlatan Ibrahimovic, un delantero de talla física equiparable a su talla técnica. Dotado de casi todos los ingredientes propios de los mejores jugadores de este deporte -rapidez, inteligencia, precisión, control del balón, calidad, remate, olfato de gol y potencia-, Ibra asume con naturalidad el peso de los 200 millones que su jefe se ha gastado para empezar a ganar títulos en el menor tiempo posible. Y está respondiendo con creces, aunque su naturaleza rebelde le juega malas pasadas, ya que ha sido expulsado por agresiones en varias ocasiones -la última, ante el Valencia, que le obligará a ver desde la grada la ida ante el Barça-. Es sobre ese carácter donde el PSG confía sus esperanzas. Zlatan le tiene muchas ganas al Barça y todavía no ha podido resarcir su sed de venganza.

Este es el estilete de Nasser Al-Khelaifi, pero su cartera ha aliñado la delantera con uno de los mejores mediapuntas del momento, el fino y talentoso Javier Pastore, una flecha con astucia goladora y brega en igual proporción llamado Ezequiel Lavezzi y el regateador de antaño, una de las perlas que asustan de cara al Mundial de 2014, incansable perseguidor del oh de la grada -heredero de Garrincha dicen en su patria-, el joven Lucas Moura. Este escuadrón es el núcleo de los temores culés. Una delantera veloz, joven, que sabe jugar al fútbol y que está coronada por Ibrahimovic. Por detrás, Ancelotti ha tratado de construir un equipo sólido, con un centro del campo muy batallador y una defensa firme y experimentada. Thiago Motta y Matuidi destruyen el juego rival, y tratan de equilibrar -muchas veces sin lograrlo- al bloque y Thiago Silva, Alex, Maxwell y Jallet constituyen una zaga rápida aunque no muy bien conjuntada del todo. En la portería permanece la peor pieza del esquema, el inseguro meta transalpino Sirigu. Este es el rival del Barça, un equipo por construir plagado de individualidades de ensueño. Sobre el papel, se presumen dos victorias rotundas del líder de la Liga BBVA. El rodillo combinativo se debería imponer sin sudar al PSG a nada que Piqué, Jordi Alba y Alves vigilen su espalda de vez en cuando.



Borussia Dortmund: Una orquesta tan bien afinada como competitiva que busca su techo europeo

Jürgen Klopp se ha convertido en el entrenador continental revelación de los últimos años. Bajo su batuta convirtió el sueño utópico en una realidad dorada para el club de la región del Rhur. El Borussia volvió a dominar la Bundesliga jugando al mejor fútbol que se recuerda en la ciudad de Dortmund. Es la versión alemana del fútbol total que inventó Riinus Michels en la "Naranja Mecánica" y se chocó con Alemania y el Barça actual inspirado en las influencias de los neerlandeses Johan Cruyff y Frank Riijkard. La filosofía que concibe el balompié como un deporte que debe embelesar al aficionado y arrincona el sabor de la victoria al segundo plano. Con el balón nace y muere este proyecto. Esta es su identidad y no es debatible.

El Borussia ya demostró en la fase de grupos que había aprendido la lección del pasado año al arrollar al Real Madrid y al Manchester City y reduciendo sus pretensiones a la idea de sobrevivir al vendaval. La experiencia que necesitaba este joven bloque de jugadores parece que ya está inserta en el adn del vestuario y esta temporada se han lanzado hacia la final de Wembley. Con el mismo estilo combinativo, alegre y fluido, el Dortmund ha elevado su nivel competitivo y ha mejorado su capacidad de sufrimiento cuando el rival disfruta de la posesión.

La amplia plantilla se convierte en superlativa en su zona de ataque. Allí, en los tres cuartos de campo, figuran tres de los mjores delanteros jóvenes de la actualidad. Liderados por Mario Götze, el acompañante perfecto a Mesüt özil en la selección teutona, el pequeño mediapunta regatea, asiste, desborda y anota con la facilidad de un super clase. A su lado aparece Marco Reus, una flecha pegada a la banda con el toque de balón inherente al balompié alemán y en punta juega Robert Lewandowski, potente, astuto, eficaz y llamado a abanderar el resurgir del fútbol polaco. Esta es la punta de lanza de un once inicial repleto de virtuosos que juega como un equipo, con mecanismos automatizados por obra y gracia del señor Klopp.

Nuri Sahin -renacido en la ciudad que le vio brillar- y Gundogan crean fútbol desde el centro del campo y equilibran el equipo junto a Khel y incansable interior "Kuba" Blaszczykowski. Por detrás llegan con velocidad y capacidad ofensiva los carrileros Piszczek y Schmelzer y el jefe de la defensa, con notable gusto y capacidad por sacar el balón jugado, Matt Hummels. Es en la portería y en esa pareja de centrales donde el Borussia sufre una bajada del rendimiento colectivo. Subotic y los despistes tácticos de Hummels se combinan con el veterano guardameta Weidenfeller para restar seguridad a la poética apuesta alemana. El Málaga lo tiene complicado para pasar de ronda, sobre todo si el Borussia cede menos terreno al rival y presiona arriba a los zagueros andaluces. Si la orquesta teutona está afinada, es muy complicado que haya algún equipo que pueda frenarlo en 120 minutos, pero un equipo con Isco, Joaquín, Baptista, Eliseu, Saviola y Antunes, que comparte estilo de juego, puede hacer daño al bloque de Klopp si anestesia con posesiones largas la intensidad competitiva. No será fácil, auqneu tampoco lo resultaba sencillo eliminar al rocoso Oporto.

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