Hidehito Higashitani | Lunes 18 de marzo de 2013
En la rueda de prensa del pasado 15 de marzo en Tokio, el primer ministro Abe ”por fin” pudo anunciar oficialmente su intención de participar en las negociaciones previas para el ingreso en el Trans-Pacific Partnership (TPP, Tratado Trans-Pacífico de Asociación Económica), tratado de libre comercio multilateral en el área de los países del Asia-Pacífico. Digo “por fin”, porque el camino para poder llegar a este anuncio oficial del 15 no ha sido de ninguna manera una tarea fácil para el gobierno por tratarse de un problema vital y polémico para la vida económica nacional, que dividía la opinión pública del pueblo prácticamente en dos bandos opuestos, debido principalmente a la fuerte oposición del sector agrícola del país.
El TPP fue firmado en sus comienzos por Chile, Nueva Zelanda, Singapur y Brunéi en 2005 y luego se han sumado a la mesa de negociaciones para el ingreso los países como Estados Unidos, Australia, Perú, Vietnam, Malasia, México y Canadá. Se prevé que para finales de este año lleguen a un acuerdo definitivo los once países que negocian actualmente los pormenores de las condiciones para el ingreso.
Su objetivo principal es formar un bloque económico multilateral sólido con la participación de los países del área del Pacífico para que las mercancías y otros bienes puedan circular libremente entre ellos. Para ello se pretende eliminar en principio todos los aranceles para los productos importados en todos los países miembros y de esta manera ampliar el mercado de bienes y servicios entre ellos. En caso de que Japón se junte al convenio al término de estas negociaciones que se desarrollarán a lo largo de este año, se llegaría formar un bloque económico gigante con más de 800 millones de habitantes y ocupará cerca de 40% de la suma de todos los productos interiores brutos (GDP) del mundo entero.
Sin embargo, el gobierno japonés, para poder llegar a ese final feliz y a primera vista esperanzador, tiene que allanar múltiples problemas internos, porque, como digo, ha existido y sigue existiendo una fuerte oposición por parte del sector agrícola del país, que teme la libre entrada de los productos agrícolas –arroz, trigo y cebada- y los ganaderos –carne de ganado, leche, mantequillas- de bajo precio venidos sobre todo de EEUU y de los países oceánicos. Por otro lado el sector automovilístico de EEUU teme, en caso de que Japón forme parte del convenio, una mayor ofensiva de coches japoneses en el mercado norteamericano y sigue presionando a su gobierno de Washinton para que actúe con cautela. Es decir, el sector agrícola de Japón y el automovilístico de EEUU, cada uno por su parte, hacen todo lo posible para evitar esa “muerte anunciada” que la eliminación total de aranceles pueda acarrearles.
En este sentido, el reciente viaje del primer ministro Abe a Washinton y su primer encuentro en Casa Blanca con el Presidente norteamericano Obama de hace unas semanas han sido muy fructíferos por haber podido esclarecer algunos puntos que hasta ahora habían quedado muy oscuros y señalar unas vías de entendimiento mutuo entre los dos países protagonistas –EEUU y Japón- en las futuras negociaciones para su ingreso.
Abe insistió a Obama en dicho encuentro en que su participación a las negociaciones del convenio no supone necesariamente aceptar la eleminación de todos los derechos arancelarios porque cada país tiene sus “regiones sagradas” que deben ser protegidas de la fuerte ofensiva de otros países firmantes, por ejemplo a través del mantenimiento de un cierto nivel arancelario, para evitar un desastroso derrumbe de determinado sectro industrial del país.
Obama aceptó la propuesta y en el comunicado conjunto publicado al término de la entrevista, se declaró de mutuo acuerdo que el TPP no obliga a cada participante la eliminación total de los derechos arancelarios y que exiten “sensitivities” (es decir, mercancías y otros articulos que son “sensibles” a la eleminacion total de los aranceles) que tienen que ser respetadas.
Con esta última visita a Washinton, parece que Abe ha podido depejar hasta cierto punto las dudas y los temores que antes tenía una gran parte del pueblo japonés y parece que ha dado un paso notable hacia la realización del bloque económico más grande del mundo.
Por otro lado, ¿qué hacer con los países vecinos y con mucha fuerza económica como China y Corea del Sur? Es sabido que desde ya hace algunos años se sigue estudiando la posibilidad de una Zona de Libre Comercio (FTA) entre China, Corea del Sur y Japón. De hecho ya en mayo del año pasado los tres países se habían acordado en comenzar las negociaciones y para el 26 de este mes se prevé una reunión preparatoria a nivel burocrático en Seúl entre los tres países. Parece que de momento las cosas van muy despacio, pero los recientes cambios en la jefatura del estado –de Hu Jintao a Xi Jinping en China y de Lee Myung-bak a Park Geun-hue en la presidencia en Corea del Sur- quizás puedan ofrecernos un nuevo panorama en el avance de este ambicioso proyecto entre las tres potencias económicas más fuertes de Asia.
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