Luis María ANSON | Miércoles 20 de marzo de 2013
¿Qué hubiera pasado si hace un par de años, un dirigente autonómico del Partido Popular hubiera dicho: “O tiramos al PSOE votando o lo tiramos con la escopeta”? La acusación de fascismo se habría hecho estruendo en toda España. Columnistas y tertulianos se hubieran cebado con el derechista montaraz. Los españoles hubieran escuchado o leído infinidad de descalificaciones. El partido comunista se habría rasgado las vestiduras y el PSOE andaría con querellas judiciales contra el político capaz de pronunciar semejantes palabras.
Pero resulta que ha sido un dirigente de la izquierda extrema valenciana, Joan Sorribes, quien se ha permitido amenazar con la violencia al Partido Popular y ni los tertulianos ni los columnistas, salvo raras excepciones, han dedicado su tiempo a denunciar al salvaje. Aún más: algunos dirigentes de la extrema izquierda lo han comprendido e, incluso, amparado.
Ni el centro derecha español ni el centro derecha francés podrían sellar una alianza con la extrema derecha de Le Pen o de Blas Piñar. Y a mí eso me parece lógico y conveniente. Pero el centro izquierda español sí puede aliarse con la extrema izquierda y así lo ha hecho con el tripartito en Cataluña o con el BNG en Galicia. Son varas de medir distintas. La atrocidad de Hitler solo fue igualada en Europa por la de Stalin. El partido nazi ha quedado preterido en el mundo occidental; el partido comunista, no, al menos en algunas naciones entre las que se encuentra España.
La amenaza de Joan Sorribes, en fin, debería ser aireada a escala nacional por el Partido Popular para que los votantes demócratas supieran con quién se están jugando el destino de la nación española.
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