José Eugenio Soriano García | Miércoles 20 de marzo de 2013
La maravillosa ciudad del Moldava, cantada por Smetana y Dvorâk , con sus múltiples iglesias, historias de husitas, sus plazas, relojes y observatorios, esplendor hoy del centro de Europa, puede convertirse, por obra de las líneas aéreas, en el punto de destino del Infierno, tal es la gárrula organización que la falta de cooperación entre líneas aéreas, deslealtad con el usuario y desprecio por el viajero, tienen hoy estas compañías de transporte.
Les narro, una historia que bien puede competir con El Proceso de Franz Kafka, donde Josef K., es enloquecido por la Ley. Es más, invito a cualquier lector a que, con los datos que les voy a ofrecer, realice un cuentecillo, un relato corto pero aterrador, onírico, que deje alucinado a cualquier lector del próximo siglo, como todos los que hoy puede contar cualquier pasajero de líneas aéreas.
La cosa comienza con la ley (y aquí vuelvo a recomendar a Kafka, “Ante la Ley”, escrito en la Callejuela del Oro, casita nº 22, donde puede adquirirla para luego inspirarse en el cuento que les propongo escribir, y cuyo nombre para el concurso que aquí convoco, más tarde les indico). Porque la ley, más exactamente, algunas reglas europeas, permiten a las compañías vender más billetes de los que caben en el pasaje, técnica conocida como “sobrecupo” u “overbooking” en lenguaje pedante. Así, como si de una estafa legal fuera, la propia norma permite engañar al pobrecito volador, que se cree que va a poder coger un avión, ha pagado su billete y se encuentra con que le pueden decir que “pagó pero no voló”. Al igual que Josef K., no sabrá por qué le suceden estas cosas.
El pasajero Alfredo K., con su familia, tenía pagado billetes, hotel y transporte para pasar el puente de San José en Praga. Cuando llegó, confiado en que tenía el pasaje y lo había pagado, le dijeron que no. Que no iba a volar en el vuelo. Que habían dado sus billetes a otros. Y que se aguantara. El pasajero Alfredo K., y su familia (AK&F), se sorprendió y dijo no entender nada. Que eran sus únicas vacaciones en mucho tiempo, que habían ahorrado para pagar el hotel y que se había reunido por fin la familia para hacer una buena reunión de padres e hijos. Pero la sonrisa del mozo, o moza aérea de tierra, se limitó a mantenerse hierática mientras le empujaba fuera del mostrador, echándole de la cola de acceso y diciéndole que “otro día, otra hora y que la compañía ofrecía sus disculpas”. Y añadía que como ellos habían comprado sus billetes en una compañía, Iberia, que había decidido que lo operaba otra, Líneas Checas, Zcheq Airlines, era un caso realmente difícil de resolver y que no se sabía bien cual de ellas había hecho la agresión o si prefieren, la gracia, del sobrecupo.
Se les indicó a (AK&F), que volvieran otro día, y que si habían perdido ese puente, otros habría en algún otro año, que la cosa no era para tanto. Naturalmente, de devolver el dinero, nada de nada, y una indemnización ¿pero qué están ustedes diciendo? Porque una línea aérea cuenta con su reglamentito para escabullirse y además si hay otra línea aérea, pues esa otra sería la culpable, responsable y lo que sea. Claro está que en un juego de espejos, borgiano, cada línea enviaba a la pobre (AK&F), de puesto en puesto y así pasaron las horas del primer día, manteniéndose los pobres (AK&F), también en sus puestos pidiendo y reclamando como si el Derecho y la Ley sirvieran para algo con las líneas aéreas. Cinco horas permanecieron en el aeropuerto de reclamación en reclamación, de hojita de quejas en hojita de quejas, de tenderete y azafato en azafato y tenderete. Y, debiendo haber partido el avión a primera hora de la tarde, les dieron las nueve, reclamando, apelando, suplicando, llamando, pidiendo, invocando y conjugando todos los gerundios y demás verboides que se puedan clamar.
Sustituido el billete, tras perder todo el día y parte de la noche en el aeródromo, a la mañana siguiente, tempranito, fueron juntitos, destruido el puente vacacional que así se limitaba apenas a una pequeña pasarela para un día fuera, fueron instruidos (AK&F), para reclamar al llegar a la vieja Bohemia pero que aquí en España no tenían nada que hacer. Dicho y hecho, (AK&F), llegó al aeropuerto de Praga y el funcionario o empleado de las líneas aéreas checas Zcheq Airlines, se mofó de toda la (AK&F), diciéndoles que “no tenía ni tendría hoja de reclamaciones y que vaya usted a reclamar al maestro armero (algo así entendieron en el verbaje – no hay otra expresión – que en mescolanza idiomático hacía el empleado de las líneas aéreas checas Zcheq Airlines a (AK&F)). Parapetado tras una sólida cristalera, el funcionario o empleado de las líneas aéreas checas Zcheq Airlines, sostuvo así la reclamación durante tiempo y tiempo, pero llamada la policía (que le dijo a (AK&F), que no iba a intervenir porque en los desfalcos legales ellos no entraban), como no lo sabía el funcionario o empleado de las líneas aéreas checas Zcheq Airlines, dijo entonces milagrosamente que sí aparecía una (sólo una) hoja de reclamaciones. (AK&F), no pudo romper la mampara de cristal, en lo que tuvieron suerte, creo, ya que si lo hacen, entonces sí que el empleado o funcionario (invirtamos el orden) de las líneas aéreas checas Zcheq Airlines hubiera podido conseguir que la policía sí tuviera contra (AK&F), algo que hacer, como detenerles o parecido.
Perdieron su puente, no han tenido vacaciones, se han reído de ellos a lo largo de miles de kilómetros y siguen sin cobrar la más mínima indemnización. Y luego indican que no tienen oficina de reclamación, y que lo hagan, decía el empleado o funcionario de Zcheq Airlines, a través de su página virtual, y lo decía muerto de risa. Iberia ni sabe ni quiere saber nada pese a ser quien gestionó el vuelo de su colega checa, Zcheq Airlines.
Así que ahora quiero convocarles a un concurso de cuentos titulado “Como tomar el pelo a todos los (AK&F), por todas las líneas aéreas reunidas”. ¿El premio? Un regalo de un retrato de Franz. Kafka, por supuesto.