Opinión

El Papa Francisco y Cristina Kirchner: ¿una vuelta de página?

Enrique Aguilar | Miércoles 20 de marzo de 2013
El Papa Francisco, este hombre de diálogo que durante la vigilia del martes en la Catedral de Buenos Aires fue capaz de llamar por teléfono a sus fieles para pedirles precisamente que dialoguen y enciendan entre ellos “el deseo de cuidarse”, logró sin querer lo que hubiera resultado difícil de imaginar con anterioridad a la elección del cónclave. Me refiero a la división que se produjo en las filas del kirchnerismo entre quienes manifestaron desde el vamos su regocijo ante el nombramiento del nuevo Papa y quienes, por el contrario, se lanzaron apresuradamente a una campaña de difamación que es de prever acabará pronto. El cambio de actitud demostrado por la presidenta, su visible emoción al estrechar la mano de Francisco tras la misa de inicio de su ministerio y las imágenes del largo encuentro mantenido el lunes constituyen, a este respecto, una prueba fehaciente de su voluntad de congraciarse con el ex Arzobispo de Buenos Aires a quien Néstor Kirchner primero y luego Cristina “ningunearon” (como decimos aquí) durante una década.

Una de las críticas más ácidas contra la elección de Francisco salió de Carta Abierta, el grupo de intelectuales que viene a acompañando la gestión de los Kirchner en todas y cada una de sus medidas. Uno de sus miembros, Horacio González, que es también Director de la Biblioteca Nacional, instó a sus compañeros a “afrontar con madurez esta difícil circunstancia de Argentina” (en alusión al resultado del cónclave) y se despachó contra los que considera gestos “absolutamente demagógicos” de Francisco, su ventilada condición de “peronista”, su vínculos (ya por demás desmentidos) con la dictadura militar, etc. “Corresponde que lo critiquemos (llegó a afirmar) y que debatamos con el Vaticano”.

Veremos cómo sigue esta historia. Por lo pronto, no creo que Cristina, después de haber recibido del Papa Francisco elocuentes muestras de apertura y generosidad, aliente este tipo de expresiones que no hacen más que agravar la situación de ostracismo que padece la Argentina en el concierto de las naciones. En este sentido, que las únicas voces adversas al nuevo Papa hayan salido de nuestro país y del propio kirchnerismo no sólo parece un signo de ingratitud. Es además un error político de proporciones.

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