Jueves 21 de marzo de 2013
Hace un par de semanas hablaba en estos “recados de escribir” acerca de la perversión del lenguaje. Traía a colación algunos ejemplos, españoles algunos de ellos, pero no cité uno de los más funestos y omnipresentes entre nosotros de un tiempo a esta parte. Me refiero al término “emprendedor”, ese mantra. Los términos “emprendedor” y “empresario” remiten a la misma familia de palabras y tienen una etimología común, si bien el primero de ellos posee una significación mucho más amplia, por lo que no cabe admitir el que en todo momento sean presentados como sinónimos. Al abusar del “emprendedor” lo que se hace es tratar de evitar de un modo cursi el uso de otra palabra que se intuye más desagradable, aunque es más exacta.
Mi amigo Juan Luis ha escrito una magnífica novela que está enviando a multitud de editoriales buscando que alguna la publique. Sé que lo logrará, porque es una obra espléndida que encontrará su lugar. Escribir una novela exige mucha disciplina y mucho trabajo a lo largo de los años. Es más, una buena novela se empieza a escribir el día en que un niño abre su primer cuento y comienza un camino de lecturas. Algunos pocos, tras ese primer paso y tras muchos años de esfuerzo, se hacen novelistas. Sin ninguna duda, Juan Luis es un emprendedor.
Mi amiga Paula, sin estar obligada a ello por su orientación profesional, sino por el más puro deseo de aprender y de invertir su tiempo en algo útil (por favor, que nadie confunda la utilidad con la rentabilidad), ha comenzado el duro camino de la elaboración de una tesis doctoral. Sin ninguna duda, Paula es una emprendedora.
Mis amigos Mar e Íñigo estudiaron una licenciatura, que superaron con muy buenas calificaciones. Por si fuera poco, después cerraron la puerta de su habitación y no salieron de allí hasta pasados unos años, cuando hubieron superado unas oposiciones a uno de los cuerpos de mayor nivel de la Administración española. Sin ninguna duda, Íñigo y Mar son unos emprendedores.
Mis amigos Octavio y Luis forman parte de una banda de “spoken rock”. Estos últimos días los han pasado dentro de un estudio grabando su nuevo EP, que presentan en directo esta misma semana. Sin ninguna duda, Luis y Octavio son unos emprendedores.
Nadie los tiene en cuenta. Ninguno piensa en ellos cuando se llena la boca con esa nueva panacea de los “emprendedores”.
Tengo otro amigo, Ángel, que dejó un buen trabajo para dar forma a un sueño. Ese sueño consistía en montar un portal de venta on-line, en colaboración con comercios de su ciudad y con un servicio de entrega inmediata. Sin ninguna duda, Ángel es un emprendedor. Y, si en lo que queremos fijarnos es en su actividad concreta, diremos que, sin ninguna duda, Ángel es un empresario. ¿Hay algo malo en ello? ¿Ha muerto algún gatito por usar el término correcto para el significado buscado?
Enrique Cebrián Zazurca
Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Zaragoza y escritor