RESEÑA
Domingo 24 de marzo de 2013
Héctor Abad Faciolince: Tratado de culinaria para mujeres tristes. Alfaguara. Madrid, 2013. 144 páginas. 15 €. Libro electrónico: 4,99 €
El ser humano es la única especie que ha desarrollado el lenguaje simbólico, de ahí que para nosotros, toda acción tiene sentido. El lenguaje articulado le permite al hombre enfrentarse con la realidad de manera mediada, es decir, que demora su respuesta a través de un complejo proceso de pensamiento, pleno de significados. Por el contrario, el lenguaje animal involucra las afinidades biológicas de la especie y responde a estímulos concretos e inmediatos.
La relación del hombre con el entorno es mucho más que una mera aproximación para satisfacer necesidades vitales como comer, dormir o reproducirse; al contrario su vínculo se establece en formas lingüísticas, en imágenes artísticas, en símbolos míticos, en ritos religiosos, en expresiones escritas. E, inclusive, en evocaciones de sucesos inexistentes que ocurren solo en su imaginación.
En definitiva, el género humano es el único capaz de hacer de la vida arte. Varios grandes artistas lo supieron e hicieron de su propia vida una obra de arte. Filippo Marinetti sostuvo que "vendrá el tiempo cuando la vida no será un simple objeto de sustento y trabajo; tampoco una vida de ociosidad, sino una obra de arte". Salvador Dalí fue más allá y declaró que "los órganos más filosóficos del hombre son sus mandíbulas". Héctor Abad Faciolince si bien no lo expresa de manera explícita en su Tratado de culinaria para mujeres tristes, sin duda coincide con el genial surrealista.
El libro del escritor paisa, es decir, oriundo de Medellín, Colombia, excede con holgura lo que promete su título, o quizá nos anticipa desde éste la verdadera intención del autor que no es brindarle al público lector femenino un clásico libro de recetas. Abad Faciolince no es la famosa cocinera de la televisión argentina de los años sesenta, doña Petrona C. de Gandulfo ni uno de esos afamados gourmets internacionales que cocinan platos excéntricos con nombres de pronunciación trabajosa. Al contrario, Abad se define a sí mismo como poseedor de un “antiguo e impreciso vicio”, el de ser lector. Ya se sabe que para ser un buen escritor primero hay que ser lector y el autor de este pequeño tratado de culinaria es lector y de los buenos.
Tratado de culinaria para mujeres tristes tiene una bella peculiaridad: remite permanentemente a la tradición oral. Tiene la ingenuidad y la grandeza de lo simple, la filosofía de la tierra, esa que viene de generaciones en generaciones, que la madre le transmitió a su hija porque lo había aprendido de los relatos que le contaba su abuela y a ésta, a su vez, se los había transmitido su propia abuela y así, hasta perderse en el principio de los tiempos. ElTratado de culinaria... no es solo para mujeres tristes, es para mujeres que están vivas, mujeres que sufren, ríen, le tienen miedo a la muerte, al deterioro físico o a quedarse solas. Por eso, el Tratado de culinaria... es más que un entretenimiento -que lo es, por completo- es un pequeño tratado de filosofía de mandíbulas. Como dice el viejo refrán: “Panza llena, corazón contento”, llenará el corazón de las lectoras con recetas que perfumarán los sentidos a través de las palabras.
El libro del escritor colombiano galardonado con el Premio Casa de las Américas en Portugal y con el WOLA- Duke en los Estados Unidos respeta los cánones del género culinario. Es un libro de tono imperativo pero las recetas que sugiere para apaciguar los pesares no siempre aliviarán la tristeza, en algunos casos no harán más que entretener a las apesadumbradas cocineras. Pero no confundirse, el Tratado de culinaria para mujeres tristes no es un libro de autoayuda, no da respuestas, llena de preguntas. He ahí la diferencia y su grandeza. Y Abad Faciolince no es un cocinero, es un antiguo chamán que recupera los arcanos secretos de la tierra y los transforma en recetas sencillas, que nos trasladan a la infancia de la humanidad.
En resumen, es un verdadero placer para los sentidos y para el alma acercarse a las recetas de este pequeño libro si lo que se quiere es seducir, recuperar al amor perdido o esquivar a la muerte. Aunque, como la vida misma, no haya recetas infalibles para superar ninguno de los escollos que se nos presenten. Y una última recomendación, como los viejos relatos orales, sugerimos leer las recetas en voz alta, sentados en ronda.
Por Verónica Meo Laos