Miércoles 27 de marzo de 2013
Poco a poco, va saliendo a la luz la ideología radical que subyace a la actuación de la reciente estrella mediática que es Ada Colau y la menos conocida ONG en la que se inscribe, el Observatorio de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC). La delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, ha señalado la sintonía de la plataforma que lidera Colau con objetivos de Bildu y Sortu. No es el único dato a tener en cuenta. Tomemos otra señal indicativa: el Observatorio de los DESC en el que se encuadra Ada Colau presentó el pasado mes de febrero la primera querella criminal contra Luis Bárcenas. No se le conoce, en cambio, una acción similar frente al millonario desfalco de los ERE que afecta a la Junta de Andalucía, ni tampoco en el caso Palau de financiación ilegal del partido de Artur Mas, por mucho que se trate de una ONG cuya sede está en Barcelona.
El sectarismo de Ada Colau y del Observatorio de los DESC no es, sin embargo, la cuestión más grave que merece un reproche colectivo. El Observatorio recibe ayudas públicas de cientos de miles de euros –la mayoría donadas por la Generalidad de Cataluña-, que le permite una actividad internacional en países como Bolivia, Ecuador, Uruguay o Argentina, donde intervienen secciones de los sindicatos UGT y CCOO, y su encargada de Vivienda, la señora Colau, no debería por ello encauzar su sectarismo radical a través del insulto, la descalificación, el acoso y la coacción multitudinaria contra representantes votados en las últimas elecciones, curiosamente todos pertenecientes al Partido Popular. Existen vías legales para canalizar las propuestas –y protestas- en torno al tema de las hipotecas y los desahucios. Si se sale de esos cauces el activismo radical es porque ha tomado esta cuestión, que, lógicamente, preocupa, y mucho, a los ciudadanos, como coartada para justificar su virulencia antidemocrática.
Es una ironía del peor humor negro llamar “actos informativos” a violentas acciones de amenaza e intimidación contra legítimos representantes electos, señalados así en una diana y motejados de criminales y asesinos. La inviolabilidad de los diputados está en la base del sistema de libertades. Cuando se ponen dianas, cabe la posibilidad de que alguien dispare contra ellas: eso es jugar deliberadamente con fuego. Apunta a las peores y más inquietantes formas de “acción directa” de nefasta memoria que no deberíamos dejar en modo alguno prosperar, aunque se autojustifiquen tras las causas más nobles.
Problemas como los de la vivienda, las hipotecas o los desahucios -ante los que, sin duda, es preciso tomar medidas eficaces, pues esconden dramas, cuando no tragedias, que no pueden desdeñarse- no deberían de caer en manos de sectarios antidemócratas ni que estos gozasen de un protagonismo mediático que les encumbra.
TEMAS RELACIONADOS: