Opinión

Y también para los Jueces un poquito de transparencia

José Eugenio Soriano García | Miércoles 27 de marzo de 2013
Y siguen, y siguen, y siguen. No paran los casos, los casos de corrupción. Y con un descaro monumental, más de un ¿responsable? Político, justifica, confunde y no acaban de responder a la pregunta fundamental que se hace la sociedad: ¿Cuándo cumplirán con su palabra, cuándo sabremos cómo y en qué momento se adoptan las decisiones de invasión de la sociedad?

Es cierto que en otros países, también en los del Norte, hay casos de corrupción. Algún caso de corrupción. Pero los mecanismos para castigar la mentira son enormes. Recuérdese que hace apenas unos días un Ministro Británico tuvo que dimitir por ocultar una infracción de tráfico. Aquí, hasta se presumiría que el fulano de turno se salta el código de la circulación porque ¡es él! Y desde luego, si a alguien se le ocurre preguntar por un pequeño caso así, sería el hazmerreír, haz –me – reír. Los niveles y criterios de exigencia son desde luego, muy escasos en nuestra sociedad. Y ahí está el problema, el mal, en la propia sociedad, que aunque preocupada y hasta alarmada, no adopta las medidas necesarias para que la transparencia, al modo finlandés o sueco, funcione.

La Política ha invadido todos los rincones y espacios sociales. Todos somos dependientes de la Política y de los políticos.
Pero conste, y conste bien, que no son solamente los Políticos los que necesitan aire nuevo y viento fresco. Estos días hemos visto, asombrados, como tres Jueces ponían en libertad a ladrones especializados en el butrón o cosas por el estilo. Ladrones que tenían condenas, estaban en libertad bajo fianza y ahí seguían y siguen, gracias a la impunidad judicial, la que le prestan los Jueces, sin explicación social. En el caso concreto, además de hundir una brillante operación policial, el propio Fiscal había pedido prisión inmediata para los capturados. Pero los han puesto en la calle, esto es, siguiendo el dicho popular, por una puerta entran y por otra salen, una y mil veces.

Pues bien, aquí se necesita una explicación. Basta ya de tanta oscuridad judicial. Si se adopta la decisión de que los ladrones salgan a la calle y los joyeros tengan que aguantarse (so pena de, ellos sí, ir a prisión si se defienden) eso hay que explicarlo. Se está echando de menos un claro ejercicio de transparencia en el que los Jueces o sus Asociaciones (que a ver si sirven para algo más que para colocar a sus asociados y amiguetes) o el Consejo General del Poder Judicial, acuda a la televisión, a la radio y a los periódicos para justificar, racionalmente y con datos, cómo se produce esta situación tan absolutamente extraña y contradictoria. Y no se diga que la Ley de Enjuiciamiento Criminal no permitiría acudir a otras soluciones, porque es de ¡¡1882!!, y se ha aplicado de todas las formas posibles. De todas, y ahora, en posmodernidad, consiguiéndose por los Jueces lo dicho: que los delincuentes entren por una puerta y salgan por otra.

Explicar, contar y relatar. No es tan difícil. Porque una Justicia democrática tiene que ser clara. Lo cual no significa merma alguna de la independencia. Simplemente, ante casos de alarma social provocada por las resoluciones judiciales, procede narrar, referir. Estoy completamente seguro que un programa de televisión que contara casos concretos, y en el que las Asociaciones Judiciales, el propio Consejo General del Poder Judicial, salvando toda presión sobre el caso concreto, pero narrándolo, porque ha sucedido, porque la gente conoce simplemente que ladrones, violentos incluso, con condenas, incluso casos de violadores y otros criminales odiosos, en su libertad condicional y al parecer riéndose de todos, para empezar de los propios Jueces que alegremente los liberaron, continúen una y otra vez delinquiendo, es algo que necesita explicación. Explicar y motivar. Son claves elementales, que permitirían comprender efectivamente a los Jueces. Porque si efectivamente resulta que no pueden hacer otra cosa, eso tiene que ser conocido de la sociedad. Y entonces, concretar el punto específico donde se produce ese error o ese problema y, tras un amplio debate social y desde luego parlamentario, actuar.

En los países latinos, la transparencia no gusta. Todo el mundo tiene su propio escondite, su agujerito preferido, donde hace su zulo y ahí lo oculta todo. La crisis económica, en la parte que más específicamente nos afecta, es una crisis institucional, de corrupción y corruptelas (éstas son las corrupciones permitidas por la Ley, tal como nombrar a un cuñado, primo o amigo presidente, vocal, o cargo donde el político tenga influencia, lo cual es lo absolutamente habitual en España y en todas y cada una de sus Autonomías, muy especialmente aquellas que se han convertido en regímenes políticos). Pero no basta con exigir transparencia a los políticos. Hay que incluir ya al Poder Judicial, y hay que hacerlo ampliamente, con todo respeto a su independencia, pero exigiendo, a posteriori de la resolución judicial y una vez que el Juez ha aplicado su inmenso poder, exigiendo, digo, explicaciones y que satisfagan a la sociedad.
Mientras, unos por otros, la casa siempre sin barrer.

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