José Antonio Ruiz | Viernes 29 de marzo de 2013
La única garantía de depósitos incuestionablemente irremediable, es la del depósito de cadáveres.
Murder, She Wrote. Europa entera es una morgue con las paredes de azulejos alicatadas hasta el techo de estanterías de acero inoxidable y cavas de refrigeración donde se agolpan los cadáveres todavía calientes de los países miembros de la cofradía a la espera de la autopsia y de su inhumación, con la etiqueta identificativa y el certificado de defunción con la fecha prevista del óbito colgada de una goma en el dedo gordo del pie, como en C.S.I. pero en prusiano. Huele a hipoclorito de sodio. Y a muerto.
Sólo faltaría, como escribe Anson, que en esta hora (una menos en Canarias y dos si se cuenta el cambio de hora) de desolación y amargura, fuera Nietzsche quien anunciara la muerte y Sartre se encargara de registrarla en el libro de asientos.
Europa yace inerte en la macabra mesa de disección que hay en el centro de la sala, junto al desagüe por donde se cuelan hasta el sumidero las esperanzas, las ilusiones y los sueños evaporados a golpe de manguerazo y desinfectante.
La soledad de los números primos la imagino menos llevadera que la soledad de los muertos, que a fin de cuentas se hacen mutuamente compañía en la eternidad. Libre circulación de capitales y de corleones.
Chipre es sólo un experimento en tubo de ensayo de lo que está por venir a granel. Tal y como están las cosas, conviene no agacharse, como diría Gila, ni para coger una peseta con el rostro desvaído del Generalísimo.
La última Lección de anatomía no la ha impartido el doctor Nicolaes Tulp de Rembrandt, sino el impronunciable Jeroen Dijsselbloem, el conde de Capra Negra, presidente de los mercaderes del Eurogrupo, polichinela de Merkel en el papel de Ángela Lansbury.
El rizos no ha pecado de irresponsable sino de bocazas insolvente traicionado por el subconsciente cuando ha dicho que la vía chipriota de rescate con cargo a los depositantes es exportable a otros eventuales países que pudieran pasar por el mismo trance, pongamos por caso Eslovenia, anfitriona del Eurobasket, aunque de aquí a septiembre Dios dirá.
Este cronista no tiene claro si, en caso de duda, deben faltar los políticos a la verdad o a la prudencia. La contabilidad es una ciencia exacta porque dice exactamente lo que el contable quiere que diga. Y en manos de gestores manirrotos de la cosa pública puede ser más deflagrante que un saco de granos de pólvora negra al 75% de nitrato de potasio.
Nos enteramos que Rajoy y Mas se reunieron en secreto en Moncloa y hasta se pusieron morados como el pendón de Castilla en un almuerzo de confraternización. Sin duda nos iría mejor a todos si se hubieran marchado juntos a pasar las vacaciones de Semana Santa a Doñana, o a pasear el perro con Aznar y con Gunilla von Bismarck por las playas de Marbella.
Pero conociendo como conocemos de qué pata cojea Mariano (como decía García de Butragueño: «Ni una mala palabra, ni una buena acción»), hay que temerse lo peor, o sea, que Arturo haya regresado a su simulacro de “país” con un talón que le permita seguir pagando el recibo de la luz del Palau de la Generalitat y de las embajadas, pero sin intención alguna de dejar de seguir jodiendo la marrana.
Perdonen que me exprese con tanta finura para evitar llamar a las cosas por su nombre faltando a los principios del decoro; pero digo yo que si alguien quiere irse de putas, que se las pague con su dinero. No sé si me explico.
Dos no se reúnen a escondidas si no tienen nada que ocultar. Pero sucede que ni a Mas le interesa aparecer por la Villa y Corte como un mendigo VIP, ni a Rajoy, gondolero veneciano, airear que dispensa al nacionalismo independentista trato preferente frente al resto.
En lugar de extenderle la chequera, Mariano debiera haberle recordado a Arturo lo que Alcalá Zamora dijo a Cambó. «Usted puede ser o bien el Bismarck español o el Simón Bolívar catalán, pero no ambas cosas a la vez». Y ya puestos en lo peor, le tendría que haber amenazado con no darle ni una loncha de mortadela hasta que no supere el mismo examen oficial que van a tener que aprobar los extranjeros para adquirir la nacionalidad española.
Ya se encargará el ministro broncas, un tal Montoro, maquillador oficial del Reino, de hacer lo que haya que hacer para enviar a Catalonia una trolley como la de la juez Alaya llena de fardos (eso sí que es huída masiva de capitales), para que Arturo pueda hacer frente a los gastos que conlleva el Consejo Asesor para la Transición Nacional.
Lo que ha quedado claro, es que el Consejo de Política Fiscal y Financiera y la Ley de Estabilidad cada vez se parecen más a una mierda como un piano de cola. Para estar así, cuenta nos traería que el País Vasco de los cupos, la Navarra de Bárcina y la Catalunya de los esquerros se hicieran de una puñetera vez independientes.
Don Cristóbal sí que es un riesgo sistémico. El mismo amnistiador que va por ahí señalando objetivos, y que ha sido capaz de retener el dinero de las devoluciones a los contribuyentes como lo haría un trilero fulero, tendría que ir pensando en tomar un año sabático en algún paraíso fiscal, refugio de perseguidos, en busca de la credibilidad perdida, como el arca de Indiana Jonnes. Sin duda ha equivocado su profesión, pues se podría haber ganado la vida como cazador de yetis.
Por cierto, por cierto, todavía está por ver que Mariano envíe a la Legión, con nuestro Antonio Banderas al frente del tercio, para que cargue sin contemplación contra los escraches kaleborroqueños que van por ahí de piqueteros señalando a sus víctimas.
A todo esto, el gato le ha debido de comer la lengua al secretario general de UGT Cándido Méndez, Pilatos, que por unos días ha aparcado su ateísmo irredento para escudarse en la procesión del silencio a fin de no tener que acudir al confesionario a dar explicaciones a cuenta de los ERE. (…) Los frescos de Pompeya, en el British Museum.
Este país no da para más. Su coeficiente sólo alcanza a convocar una manifestación pro Mourinho. Iberia, unicelular. La caracterización baturra del pueblo español no conoce límites. La gente no suele pensar, porque cansa mucho y en ocasiones hasta conduce a situaciones desagradables.
Es difícil creer en algo salvo en la palabra lujuria después de ver a Paz Vega, todo en ella es sensual, haciéndose pasar por María Magdalena. Como Bárcenas, acabaremos acogiéndonos a nuestro derecho a no declarar para no pecar en estas fechas tan entrañables.
Sólo nos faltaba que Corea del Norte lanzara un pepinazo a deshoras, en plena siesta y sin avisar, y nos llevara a todos por delante. (…)
¡Jonathaaaaan! (…) Tranquiliza saber que el New York Times abre su edición con un reportaje sobre los paneles de rica miel, y que los tres enviados especiales de The Wall Street Journal, Matina, Joe y Nektaria, siguen encerrados en el cajero de un banco chipriota como antaño José Luis López Vázquez en la cabina de teléfonos. Mejor tomarlo a risa, que llorar.
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