Críticas de Arte

Hiperrealismo: la delgada línea que separa fotografía y pintura

CRÍTICA DE ARTE

Elena Viñas | Martes 02 de abril de 2013
A finales de los años 1960 surgió en Estados Unidos un grupo de artistas que pintaban con gran realismo objetos y escenas de la vida cotidiana utilizando la fotografía como base de sus obras. El Museo Thyssen expone hasta el 9 de junio 50 obras hiperrealistas en las que el color, la uniformidad de la pincelada y su luminosidad son algunas de las características de unas obras que sorprenden por un verismo casi hiriente para un espectador de arte acostumbrado a la representación de la realidad por parte de los artistas.

La visita a la exposición dedicada al hiperrealismo por el Museo Thyssen despierta sorpresa por el verismo de las obras expuestas al tiempo que invita a preguntarse constantemente si quien las contempla se encuentra ante una pintura o una fotografía. Bajo la premisa de que todas las obras reunidas son pictóricas, la experiencia se torna interesante cuando el visitante llega a poner en duda que se encuentre ante un óleo sobre lienzo o una pintura acrílica y no ante una impresión.

Sin embargo, no es el único interrogante que plantea esta muestra, ya que la copia total de la realidad invita a preguntarse si es posible que esta práctica revista de una dificultad mayor que la interpretación de la misma, labor a la que se han dedicado los artistas durante siglos, o si, por el contrario, el riesgo reside en la simulación de lo que observa e imagina el artista.

Así pues, la representación de la realidad tal y como nuestro ojo la percibe, lo que no significa que se trate de la realidad misma, dado que este filtro ya entraña una interpretación, deriva en la presentación de unas obras que se tornan tan cotidianas que apenas conmueven a quien las observa. Nada tiene que ver con esta apreciación la calidad ineludible de su factura, tan lograda que no es raro toparse con visitantes que se pregunten a cada paso si están ante una fotografía o una pintura.

En unas pinturas en las que la pincelada es apenas perceptible o, incluso, imperceptible, optando sus autores por las grandes masas de color, es precisamente el color una de las características a reseñar, lo que convierte a estas obras en propuestas vitalistas acordes con una sociedad consumista, moderna y cambiante.

No faltan, por tanto, bodegones del siglo XXI en los que la fruta y las jarras han dejado paso a botes de kétchup y mostaza como en Los favoritos de América, de 1989, de Ralph Goings, o a piruletas y golosinas como en Reunión, de 2012, de Roberto Bernardi, ni tampoco coches y motos como la Harley-Davidson titulada Butler Terrace, de 1973, de David Parnsh.

Sin embargo, es el espacio dedicado a las vistas de ciudades el que acapara más protagonismo en el recorrido. Nedlick’s de Richard Estes, de 1970, es uno de los óleos sobre lienzo más destacados en los que Estes reúne algunos de los símbolos icónicos de la cultura estadounidense como las hamburguesas o la Coca-Cola. Estes también es autor de Cabinas telefónicas, de 1967, obra en la que propone una visión más pictórica captando con acierto los reflejos del sol sobre los cristales de las cabinas.

La perspectiva también está presente en estas obras hiperrealistas, como demuestra la obra Main Street, de 1984, de Anthony Brunelli y, sobre todo, La ciudad que nunca duerme, de 2012, de Bertrand Meniel, en la que representa una vista de Nueva York con rascacielos y elementos urbanos en los que no falta detalle. Basta prestar atención a las ventanas de los grandes edificios o a los paseantes que cruzan las calles. Tampoco conviene pasar por alto la vista del Gran Canal de Venecia de Raphaella Spence, de 2007, en la que resulta asombrosa la representación de las nubes.

Para concluir el recorrido, el Thyssen muestra una selección de pinturas hiperrealistas bajo el título Cuerpos, en la que se incluye el retrato Lizzie fumando, de 2012, de Yigal Ozera, además de Serina 72, de 1972, de John Kacere, que no denota el mismo tratamiento escultórico y anatómico que El último rayo de sol, de 2010, de Bernardo Torrens.

Información sobre la exposición:

Lugar: Museo Thyssen.

Fechas: del 22 de marzo al 9 de junio.

Horarios: de martes a domingo de 10.00 a 19.00 horas / sábados de 10.00 a 21.00 horas.

Entrada: 8 euros.

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