Joaquín Albaicín | Martes 02 de abril de 2013
Acabamos de leer “Rehenes”, de Stefan Heym, editada por Funambulista. Es –por época y circunstancias- una novela de propaganda antinazi. Y, en su espíritu, producto de la década de 1930, cuando comunismo y nazismo compitieron entre sí por convertir a los hombres en hormigas atadas a cadenas de montaje sostenedoras del esfuerzo bélico. Fueron tiempos en que la esvástica y el martillo y la hoz pugnaban por imponer al mundo el imperio de los fuertes, idea tan peregrina y malsana como la que pretende hoy imponer la tiranía de los débiles. Hoy, las cadenas de montaje son las pantallas de los ordenadores y, las hormigas, los internautas. Quiénes sean los camisas pardas y leninistas de hogaño, lo ignoramos. En el imperio de lo feble, resulta tarea casi imposible su identificación. Como decíamos ayer, ni siquiera sabemos si Gao Ping es enemigo o de los nuestros, y sospecho que a muchos jueces, políticos y policías les sucede tres cuartos de lo mismo.
“Rehenes” es una novela de buenos y malos y, por tanto, poblada de estereotipos. Nazis estereotipados, resistentes estereotipados, comunistas estereotipados… Pero así son las novelas de héroes y villanos, y así es hasta cierto punto la vida misma. ¿Cuántos millones de adamitas que no son personajes literarios, sino bípedos de carne y hueso, no viven sino prisioneros de la fidelidad a los estereotipos marcados o impuestos por su época? Multitud de empresarios, de políticos, de mujeres… con que nos cruzamos por la calle no son más que producto del estereotipo dominante, androides de tono y modales impostados.
“Rehenes”, muy entretenida, viene –paradójicamente- a desmentir –en cierta medida, al menos- un tópico: el de que bajo las dictaduras no resulta posible el florecer de la literatura de calidad. Cierto que Heym dio a la imprenta esta obra en los Estados Unidos y no sabemos qué clase de escritos destilaría después, ya consagrado como una de las plumas emblemáticas de la RDA. Allá por 1952 y huyendo de la Caza de Brujas de McCarthy, se instaló en Berlín Oriental, y ya suponemos que, pese a encontrarse allí con una STASI formada en parte por antiguos SS y, por tanto, con situaciones cotidianas no menos absurdas y sospechosamente similares a las del mundo nazi, eludiría tomarlas como motivo de inspiración para sus novelas. Mas tampoco nos asisten razones para asumir que la ceguera y sordera parciales que sin duda adoptó le mutaran, necesariamente, en un mal escritor. No sólo su actitud disidente le convirtió durante décadas en objetivo preferente de la vigilancia de la STASI, sino que, desde luego, leído en la España de 2013, su talento y buen ritmo narrativo siguen resultando patentes.
TEMAS RELACIONADOS: