palestina
Martes 29 de abril de 2008
Así lo demuestra al menos la tesis doctoral de Ilana Novetzky-Bendet que estudia en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Según Novetzky-Bendet, la prensa durante el mandato británico en Palestina (1920-1948) también quedó encandilada con “el joven que irradia autoconfianza y autosatisfacción” como lo describe el periódico de la época Haaretz.
En general, como lo define la autora de la tesis, Hitler provocaba una mezcla de admiración y preocupación, debido a la rapidez con que el partido Nazi consiguió ascender al poder. Novetzky apunta que una de las razones por las que en Palestina ningún diario acertó a ver el peligro del nazismo es que no pudieron discernir, debido a la distancia con Europa, el verdadero poder político ni las ideas racistas del partido.
Hasta tal punto tenía la prensa las ideas sobre Alemania y Hitler distorsionadas, que el periódico Davar, llegó a decir en 1932 que ¨a pesar de que el odio a Israel puede atraer a las masas ignorantes por el atractivo que puede tener en tiempos de emergencia, no es moneda de cambio en Alemania: esta gente tiene demasiada cultura para discriminar a los ciudadanos que viven en su misma patria”.
En 1938, ya no hay duda del peligro del nazismo, no sólo por su política antisemita, sino porque puede en peligro hasta el sueño sionista de Israel en Palestina. Los siete periódicos hebreos de la época por fin se dan cuenta de que Hitler puede llegar hasta las mismas puertas de Palestina si Gran Bretaña, con su política conciliadora, decide sacrificarles en aras de una supuesta paz. De todas formas, como observa Novetzky, los periódicos de la época están mucho más preocupados por sus aspirciones sionistas que por el destino de los judíos europeos.
La autora destaca también la sección de chistes de Davar, titulada Con una sonrisa, en la que se escribían bromas sobre política actual. Durante los años treinta, Hitler y el nazismo protagonizaban la mayoría de las bromas. Una de las que destaca Novetzky, del año 1935: un soldado asalta a un transeúnte en plena calle y comienza a golpearlo brutalmente hasta que el hombre grita desesperado: “¡Asesinato! ¡Paliza! ¡Socorro!”. Un guardia que pasa por allí, se le acerca y le dice: “le pido que no hable demasiado alto sobre la política actual”.
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