Opinión

¿Es democrático un 'escrache'?

Javier Cámara | Jueves 04 de abril de 2013
Una vez más, el debate entre las formas y el fondo de un asunto cobra relevancia a cuenta de los ‘escraches’. Uno puede no estar de acuerdo con la política que se hace al respecto de los desahucios en España, pero eso no da legitimidad a la persecución que sufren algunos políticos.

Del mismo modo que se critica todo el sistema y no se puede uno quedar a vivir acampado en la Puerta del Sol o se rechaza la actividad de los diputados y no se debe ocupar el Parlamento o se defiende a los pobres y no está bien asaltar un Mercadona, es lícito discrepar de las medidas que se quieren adoptar para evitar que se desaloje de una casa a una familia, pero es inaceptable intimidar violentamente a un diputado. Uno no se puede tomar la justicia por su mano. Aceptarlo, con la excusa que se quiera dar, es entrar en un juego muy peligroso del que seguro acabamos arrepintiéndonos.

Coincido plenamente con lo afirmado por el ministro de Justicia cuando señala que esta nueva forma en España de reivindicar una postura sobre un tema como los desahucios “rompe el principio de representación democrática”. Las demandas son legítimas en gran parte y con ellas estamos de acuerdo muchos españoles, pero esta forma de actuar no representa a ninguna mayoría. Que cuatro gatos intenten condicionar el voto de un diputado en un asunto sometido al Parlamento no es Democracia, presenten cómo lo quieran presentar desde la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Y asustar, insultar y colocar carteles con el “Se busca” de los criminales del Lejano Oeste es violencia, por más explicaciones que den Colau y sus amigos.

Además, no soy el más listo de la clase cuando llego a la conclusión de que esta nueva forma de protesta-amedrentamiento es claramente partidista. Sólo se intimida a miembros del PP. Que se sepa, nadie ha ido a casa de Carmen Chacón, que algo tiene que ver con todo esto de acelerar los desahucios, a reprocharle nada ni a ‘poner precio a su cabeza’. Y nada más lejos de mi intención que dar malas ideas.

Del mismo modo, lo fácil, cuando no te afecta, es no decir nada y que allá se las apañen los del partido de enfrente o mofarse de la desgracia ajena. Alguno ya lo ha hecho y no ha dudado en aprovecharse de esta nueva tendencia. Se pudo leer en la Red: “He quedado para hacer un escrache de esos en casa de Mónica Belucci. A ver si la convencemos de que, 'aunque no se quiera, sí se puede'”. El diputado del Partido Socialista por Badajoz Ignacio Sánchez Amor ya se ha disculpado, de esa forma que suena a “lo hago porque me ha desbordado, no porque lo sienta” y ha dicho que no esperaba que se lo tomaran tan “esquinadamente”. Tan esquinadamente que algunas le han visto no sólo la parte canalla al chiste, también la machista.

Y digo yo: ¿Qué hubiera ocurrido si la ‘bromita’ la hace uno del PP? ¿Alguien se imagina hasta dónde habrían llegado los ‘escracheadores’ si las medidas para agilizar desahucios las hubiera aprobado Montoro en vez de Chacón? ¿Cuándo se darán cuenta los cargos públicos de que Twitter es de dominio público y no sólo para sus amigos? ¿Se percatan las autoridades de que no se puede ser laxo con una interpretación errónea de la Democracia?

La consejera andaluza de Fomento y Vivienda, que es de IU, ha reconocido públicamente que si no fuera una responsable política de su categoría “seguramente participaría en los ‘escraches’”. Dice, y no le falta su parte de razón, que “la ciudadanía tiene derecho a la protesta y a hacerse escuchar”. Da miedo pensar dónde ponen algunos el límite de lo que significa “hacerse escuchar”.

Pues eso, para qué preocuparse si sólo llueve en casa del vecino. Así impera el pensamiento de “como no estoy en peligro y la libertad individual de un diputado del PP me importa más bien poco, me río y hago chistes”. O uno siempre se puede apuntar al carro de lo que está de moda entre la progresía española.

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