Opinión

El fotomatón de España

José Antonio Ruiz | Viernes 05 de abril de 2013
Puestos en lo peor -¡Dios me libre o el diablo me lleve consigo!-, me viene a pasar lo que al Generalísimo, que no entiendo de política. Pero digo yo, dentro de mi ignorancia, que sería deseable que en el vano intento de salvar el régimen no acabáramos jodiendo la democracia, aunque los haya que, en caso de verse en la tesitura de tener que elegir, prefieran la viceversa.

Todos los españoles del cuarto turno somos, en mayor o menor medida, “cooperadores necesarios” y al mismo tiempo víctimas indefensas de lo que está aconteciendo. Como canta Serrat, “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.

Dice Albert Boadella que «Cataluña es irrecuperable», porque no se puede luchar contra dos generaciones educadas en el odio a lo español. (…) Más preocupante, si cabe, es que el envase irrecuperable, roto el cristal, lleve la etiqueta de España, que va por ahí desnuda, como el rey del cuento de Hans Christian Andersen.

Los atracadores han desvalijado la casa de Belén Esteban y se han llevado hasta las bragas de encaje de la Princesa del pueblo. Un día de estos sucede lo mismo con el cortijo ibérico, que al trote que va acabará dándose un hostión del catorce de abril al borde de la piscina climatizada, como Carmen Lomana en Splash.

Escribe Inda que «la simple foto de la Infanta Cristina compareciendo ante el juez Castro, hará más daño a la primera institución del país que todos los republicanos juntos en 38 años de eficiente juancarlismo».

Eduardo anda sobrado de razón, aunque está por ver que Cristina haga el paseíllo. Bueno sería no obstante que no se pusiera tan peliculero y melodramático para realzar su heroica contribución a la causa perdida de la regeneración democrática, y que en lugar de pegarse tanto el moco, hiciera un ejercicio de humildad después de leer la columna de Raúl del Pozo, y reconociese que todavía le queda mucho oficio que aprender de los reporteros de raza de verdad.

Nos acojonamos por las amenazas nucleares de Kim Jong-un, el Falete del sudeste asiático, y no reparamos en que hay otras amenazas mucho más preocupantes y sangrantes que la caída en desgracia de las monarquías, que donde mejor han estado siempre es en el exilio.

Al abajo firmante no le priva de la merienda la suerte que pueda correr la Royal Family, no como family, a la que deseo de corazón toda suerte de venturas, sino como royal. Lo que de verdad debiera preocuparnos es que se vengan abajo las Instituciones en sentido categórico, porque entonces sí que nos vamos a enterar de verdad cuánto vale una corona que no es precisamente la que lleva puesta el rey de bastos de la baraja de Heraclio Fournier.

España bajo sospecha es en sí misma un juicio siniestro de intenciones. Excusatio non petita, accusatio manifiesta. Acabaríamos antes y nos saldría más barato si el ministro Gallardón, Notario Mayor del Reino, ordenase habilitar el recinto ferial de la Casa de Campo como sala de vistas, como cuando el macro juicio de la colza. Así podrían ir desfilando uno tras otro, no tanto las “mujeres que fuman” y los chaperos que hacen la calle a las puertas del auditorio, sino todos los imputados que se han ido agolpando en los juzgados a la espera de sentarse en el banquillo, desde los rateros de sucursal y alcantarilla hasta los duques que trajeron la desgracia y nos llevarán a la ruina.

Victoria de Suecia ha tenido que abandonar su descanso en la costa de Almería agobiada por los paparazzi. ¡Lástima de zagala! (…) Este cronista está a punto de hacer lo propio con España, huyendo mismamente a Alaska, aun a sabiendas de riesgo de encontrarse con Bárcenas.

Junta Directiva Nacional del PP: Buscando a Nemo. Los gallos del corral excusaron su presencia y a Mariano, al primer tercio de banderillas, acabaron aplaudiéndole con las orejas los subalternos.

Prietas las filas, los secuaces volvieron a hacerle la ola al líder. Los fieles acudieron prestos a los cinco cantos del cisne lanzados por el muecín desde lo alto del minarete de Génova trece, con la única esperanza de comprobar en persona que The Boss seguía vivo. Hubo hasta quienes se acercaron a tocarlo dispuestos a meterle la mano en el costado, emulando al Tomás de los Evangelios, para cerciorarse de que no se trataba de un holograma. Le hubieran jaleado como a Tina Turner, que se nos casa, aunque les hubiese insultado. En estas estamos, rodeados de cepilleros que no pueden traer nada bueno.

Aunque la gloria se la llevó el discípulo, Diógenes de Sinope, porque tenía más tirón que su maestro, fue Antístenes, el fundador de la escuela cínica, el excéntrico de la tinaja, quien dejó dicho que los aduladores son peores que los cuervos, porque mientras los cuervos se comen el cuerpo de los muertos, los aduladores devoran el alma de los vivos. Muchos de los babosos que han hecho fortuna como cortesanos debieran aprovechar para presentarse al casting de recogepelotas para el Madrid Open.

España se retrata a diario, como El País, que un día fue un gran periódico, y hoy no sirve ni para envolver el pescado, aunque sólo por colegas tan brillantes como Anabel Díez, bien merece la pena seguir comprándolo para mayor gloria y lucimiento de Cebrián.

Que el panfleto paisino recurra al álbum de fotos de la abuela, tiene su explicación aunque no tenga un pase. Falacia retrospectiva: se juzga al pasado en función del presente (…) Pero que la España morbosa muerda el anzuelo con el cebo de mierda ensartado en el pincho, no tiene perdón posible.
No son las expectativas de Núñez Feijóo, uno de los ungidos en la carrera sucesoria con más proyección en la barca del PP, las que han quedado menguadas tras la dichosa fondo a bordo del balandro del contrabandista Marcial Dorado, el amigo que le salió rana, hace de esto un huevo de años; sino las expectativas electorales del Rajoy, que va a acabar haciendo bueno a Zapatero.

Sólo puede quedar uno, como en Los Inmortales, antes de que los galgos que aspiran a la trona pepera consumen la conspiración y acaben clavándose la daga trapera entre ellos hasta que sólo quede en pie el macho alfa, después de enterrar el hacha de guerra en la espalda de todos sus rivales.

Nos quejamos de la desafección política, pero anda que no está igual o más justificada todavía la desafección periodística. Jean Paul Sartre: La náusea. Claro que más arcadas provoca escuchar al Chino de la coleta blanca sugiriendo la conveniencia de poner límites a la prensa más allá del Código Penal.

La foto de la semana no ha sido, a mi humilde juicio, la instantánea veraniega de Alberto, sino el careto de la abogada Yolanda Molina, ex mujer del terrorista Thierry, que el diario El Mundo llevó a su portada toda ella hecha una energúmena, llamando perros rabiosos a los médicos franceses, por haber dispensado un trato salvaje e inhumano al ex jefe de ETA, que va a necesitar algo más que misericordia.

Me preocupa un huevo saber que nos está colonizando el mejillón cebra; pero más alarmante se me antoja que nos colonice la tontuna y que Montoro haya decretado el derecho a la desgravación los bingueros.

Si nos va cómo nos va, es porque confiamos nuestra fortuna a “pajaritos chiquiticos”, como Maduro rememorando que se le apareciera en sueños el fantasma encarnado de Chávez. Aquí en España, no sé cómo nos las apañamos, pero sólo se nos aparecen pájaros.

Con semejante panorama, más le vale a Mariano aprovechar su viaje a Roma para pedirle al Papa Francisco que rece por todos nosotros, porque lo vamos a necesitar. En una de estas nos leen los derechos en la cola del Carrefour.

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