Juan Velarde Fuertes | Martes 29 de abril de 2008
El año 1959 se inició el revolucionario proceso de cambio de la economía española. Hoy nos encontramos con una realidad, por esto, extraordinariamente abierta. Se ha cumplido aquella declaración de Florez Estrada en el “viaje triunfal” de Cobden, sobre la grandísima gloria que daría a España -mayor que la proporcionada por Colón el gobernante que aceptase nuestro librecambio. La comprobación la ofrecen las cifras de incremento de nuestro PIB.
Pero la apertura exige esfuerzos diarios. Y he aquí que desde 2003 quizá desde 2002, esto parece haberse olvidado. La prueba la tenemos en las balanzas exteriores. La Organización Mundial de Comercio nos acaba de mostrar los doce vencedores en el tráfico internacional, entendiendo por ello los doce países que controlaron el 57’8% de las exportaciones mundiales en el año 2007. No sólo están, en vanguardia y por este orden, Alemania, China, Estados Unidos y Japón, sino también completan el grupo Francia, Holanda, Italia, Gran Bretaña, Bélgica, Canadá, Corea del Sur y Rusia. En síntesis, las advertencias reiteradas de la profesora Carmela Martín sobre la competencia creciente de los países del Este europeo en relación con nuestras ventas al exterior; y los estudios dirigidos por Julio Segura sobre nuestro retraso en productividad, así como otros de Sánchez Asiaín en relación con el retraso tecnológico, no fueron escuchados por los dirigentes recientes de la política económica. Tampoco caló la advertencia reciente del premio Nobel de Economía, Phelps, en Madrid, sobre cómo al facilitar la inversión extranjera, una economía como la española, adquiría tecnología y posibilidades exportadoras evidentes. El ejemplo de Irlanda es concluyente. Aun con todo lo que se comenta sobre su crisis inmobiliaria, que la tiene, capea el temporal muchísimo mejor que España. Su PIB ha crecido en 2007 algo por encima del 5% y se espera que lo haga al 3% en 2008; su IPC se ha colocado en torno al 2’7% y la tasa de paro supera ligeramente el 5%. Y por supuesto, el déficit por cuenta corriente, a pesar de su fuerte dependencia energética, se ha situado en 2007 en torno al 4%.
Todo se fió entre nosotros al mantenimiento de las importaciones solicitadas por un colosal incremento de la demanda nacional. Se conseguía gracias a una fácil financiación internacional, en una época de bajos tipos de interés. Si lográbamos productos o servicios extranjeros ¿qué importaba que se consiguiese con exportaciones o con crédito? Así se llegó a la dramática realidad actual. La balanza comercial española ofrecía en los doce meses que concluyen el 31 de enero de 2007, un déficit de 139.600 millones de dólares. Todo lo complica que nuestra balanza por cuenta corriente amplía más este déficit, que también en el mismo periodo alcanza los 152.400 millones de dólares, con lo que nos endeudamos, como mínimo, en el 10% del PIB, una cifra intolerable, porque en este momento esa financiación se enrarece cada vez más. Lo empeora, en primer lugar, una subida realmente gigantesca, en el nivel de precios industriales, que se ha situado en su crecimiento interanual, en un 6’9% en el mes de marzo. ¿Cómo exportar en esas condiciones? Y, en segundo término, la lamentable política energética, que nos ha hecho dependientes de la carísima energía primaria importada del exterior en más del 80%. En un año el petróleo, el 22 de abril de 2008, se había encarecido en un 84’4% en la variedad West Texas Intermediate, y con él, el gas sigue los misma ruta, como nos ha mostrado Juan Rosell, y el carbón no es excepción. Añadamos que la inversión española en el exterior supera ampliamente a la inversión extranjera en España. ¿Cómo conseguir que los flujos financieros exteriores se dirijan hacia nosotros?
La prueba de la persistencia del proceso la tenemos en lo que ocurre con el “spread” o diferencial de la cotización del bono español a 10 años respecto a los bonos similares alemán y del Tesoro norteamericano. El 22 de marzo de 2007, el diferencial con Alemania era 0; con Estados Unidos de -0’62; el 24 de abril de 2008, o sea, trece meses después, este diferencial ha saltado, con Alemania a +0’28 y con el norteamericano del Tesoro, a +0’65. Todos los expertos saben que eso se debe a que el riesgo país español ha aumentado de modo enorme. Evidentemente España ha pasado a ser un país preocupante, y el FMI lo ratifica. Siempre que España ha olvidado el sector exterior, como ahora sucede, lo ha pagado con dureza notable.
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