Opinión

El gordo de Pyongyang

Cristobal Villalobos Salas | Sábado 06 de abril de 2013
El niño gordo de Pyongyang, qué buen nombre para un torero si le cupiera la taleguilla, se cansó de jugar a la Play Station y le dio por jugar al Risk. —¿Es Estados Unidos?—preguntó a través de su Iphone. —¿Está el encargado?, que se ponga— Mire, vamos a atacar. Los misiles les apuntan. Tened mucho cuidadín. Os vamos a dar la del pulpo.

Los americanos, que disfrutan de lo lindo con los escarceos prebélicos, tomaron sus medidas de inmediato, mientras unos cuantos generales se frotaban las manos en el Pentágono y Obama daba algunas instrucciones antes de irse a jugar al baloncesto. La noticia empezó a rular por los televisores de todo el mundo y se convirtió en la comidilla de las redes sociales: estamos al borde de la tercera guerra mundial, decían algunos iluminados con algo de guasa.

Abro Twitter y me encuentro el careto de Kim Jong-un: —Os vais a cagar— nos dice en un castellano un tanto pedestre. ¿Será esto la política 2.0 y el “open government”? Entre el careto del fulano, con cara total de empanamiento mental, su peinado, que suponemos estará de moda por encima del Paralelo 38, y esos uniformes que parecen salidos de una película mala de la Segunda Guerra Mundial, uno no acaba por tomarse muy en serio la amenaza, así que, entre risa y risa tuitera a costa del “Gran (nunca mejor dicho) Timonel”, los españoles nos fuimos a las procesiones, media España a verlas y, la otra media, a participar en ellas.

En el New York Times tampoco se han tenido que tomar muy en cuenta el tema norcoreano pues, entre el maremágnum que es la política internacional, no han tenido otra que fijarse en nuestra Semana Santa, para echarnos en cara tanto oropel y boato. Somos unos derrochadores, nos dicen desde la gran manzana, ¿a quién se le ocurre gastarse el dinero en procesiones con lo que está cayendo? A nosotros, sin duda. No es plan de explicarles ahora a los yanquis como va esto de la Semana Santa, lo malo es que, en política internacional, hay muchas cosas que no entienden y ellos, siempre, van a lo suyo.

A ver como abordan el tema coreano, pues tras un niño gordo, mimado y con cara de poca inteligencia se esconde un régimen tiránico, opresor, que mientras hace desfilar sus misiles de cartón piedra, puede que incluso alguno real, aterroriza y mata de hambre a sus más de veinte millones de habitantes y un país así, más si está en manos de unos locos, puede cometer cualquier locura.

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