Crónica cultural
Domingo 07 de abril de 2013
Cuando le dijeron a Sixto Rodríguez, un hijo de emigrantes mexicanos que vivía en Detroit, Estados Unidos, que en Sudáfrica sus discos vendían más que los de Elvis, pensó que se trataba de una broma. Cantante de rock en los años 70, Rodríguez había sido descubierto por dos productores en un bar infectado de humo en uno de los suburbios de Detroit y pensaron que ese chico iba a ser el nuevo Bob Dylan. Una voz interesante, unas canciones que eran verdaderos poemas, Rodríguez gravó dos LP, Cold Fack y Coming from Reality, que pasaron completamente desapercibidos. Los famosos productores se equivocaron, pero solo en la localización. Por extrañas circunstancias del azar, una de las seis copias que se vendieron en Estados Unidos, viajó a Sudáfrica en la maleta de una chica y allí corrió entre los chicos como la pólvora. Al cabo de unos meses, Rodríguez se había convertido en una estrella en este país asolado en los 70 por el Apartheid. Su música no solo fue escuchada sin cesar por dos generaciones sino que sirvió de inspiración a los movimientos en contra del Apartheid.
El documental Buscando a Sugar Man es extraordinario. Consigue hilar los dos países, los momentos de diferentes épocas, las personas entrevistadas y las escenas de la vida de Detroit y Cape Town, con un ritmo admirable. La historia de Rodríguez, insólita, difícil de imaginar, esconde una poesía vital que no deja a nadie indiferente. Tanto como sus canciones son poéticas, premonitorias y sociales. Su música fueron letras inspiradas en las calles de Detroit por los vagabundos, por sin techo y los marginados con los que se encontraba Rodríguez.
Buscando a Sugar Man es también un canto a la libertad de elección. En un momento dado, le preguntan a Rodríguez cual de sus vidas quiere vivir. Puede quedarse en África y ser una estrella o volver a Detroit y seguir trabajando en la construcción. No todo el mundo tiene que escoger convertirse en un príncipe. Y eso es lo que hace de Rodríguez una persona sorprendente y a la vez admirable. No solo una voz y un ritmo nacidos de su más intimo ser, y de un agudo sentido de la observación de la gente más necesitada que le rodeaba, una especie de ángel en medio de una sociedad que solo piensa en el reconocimiento y el dinero.
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