Opinión

La poesía mexicana, ¿descansa en Paz?

Artemio Benavides | Martes 29 de abril de 2008
Somos de quienes antes pensaban que “la poesía mexicana descansaba en Paz” (Octavio). Ahora creemos que sí y no. Nos deslumbró desde ‘El laberinto de la soledad’: a una década de su ausencia, pensamos que aquella brillante reflexión sobre el ‘México profundo’ del poeta nacido en Mixcoac, incurre en su búsqueda identitaria en manejos históricos confusos, influencias biológicas caprichosas y en mitificaciones peligrosas. Pero deslumbrante y todo, su México se desvanece ante las realidades que padecemos.

Pero su poesía sigue vigente y grandiosa… sin embargo, todavía Octavio Paz decepciona a muchos, no a todos, quizá porque este país no perdona el éxito. Tal vez, también, porque Paz rehusó a ser un ‘cacique cultural’, como nuestro paisano Alfonso Reyes; porque señaló la barbarie horrible del experimento soviético (que no le perdona aún nuestra izquierda lunática y aventurera); porque señaló el peligro del ‘Ogro Filantrópico’ y los desfiguros del autoritarismo oficial que Luis Buñuel acertó al definirlo como “fascismo atenuado por la corrupción”.

Su poema “Piedra del sol” es fundamental para la poesía universal. Mas su papel final de ‘intelectual público’ -quien habla de todo urbi et orbi– apenas opaca su inmenso legado a toda nuestra generación. Y quién transitó por la guerra de España, la segunda Guerra Mundial, el comunismo, nuestro populismo sofocante, el surrealismo, nuestro muralismo oficialista y de cuyo peregrinar salió casi ileso, con una obra grandiosa mas controvertida y que señaló la crítica constante como tarea, es mexicano universal: “...un sauce de cristal, un alto surtidor que el viento arquea, un árbol plantado mas danzante, un caminar de río que se curva, avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre...”. Tal es el inicio y el final del poema fundacional más grandioso de quién nos dejó huérfano en aquella terrible centuria.

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