Opinión

Princesas, clases y colegios

Pepa Echanove | Lunes 08 de abril de 2013
Tengo un viejo amigo de mis años complutenses que siempre dice que cualquier tiempo pasado fue mejor. Es un melancólico empedernido y me llama cariñosamente ‘la burguesita’. No sé de dónde ha sacado ese mote, pero la verdad no me molesta; los hay que suenan peor y menos distinguidos. Aunque tuve la suerte de ir a uno de los mejores colegios de Madrid, allí no éramos todas ‘burguesitas’, ni princesas, ni aristócratas, ni hijas de ministros. Digo todas en femenino porque aquel colegio era entonces de niñas, los alumnos en pantalón corto vinieron una década después. Teníamos dos uniformes, uno de invierno y otro de verano, este último con un toque particularmente ‘chic’ que consistía en un precioso canotier con cinta azul marino para evitar las insolaciones durante el mes de junio. Las que podían se los compraban nuevos en el Corte Inglés a cada temporada, y las que no (yo y otras ‘burguesitas’, becarias, hijas de familias más modestas) teníamos uno solo de quita y pon, heredado de las hermanas mayores, y que debíamos lavar, secar y planchar el domingo después de hacer los deberes. Hablo del colegio Santa María del Camino situado en el barrio de Puerta de Hierro. Tampoco son todo chalets y residencias de embajadas o casas de famosos por esa zona. Se levantan también, y ahí siguen, bloques de apartamentos corrientes y más baratos, no lejos de la lamentable carcasa del que fuera un excelente hospital público, hoy a merced de las ratas y seguramente del amianto.

Tres o cuatro cursos por encima del mío acudían las Infantas Elena y Cristina a clase, como dos alumnas más, con su delantal y con coleta. Había guardaespaldas apostados a la entrada del recinto, naturalmente, pero nada más dejaba ver que ellas eran diferentes. Fotógrafos camuflados entre las moreras no recuerdo haber visto ni uno, cámaras o micrófonos ocultos de los servicios secretos o de detectives privados, tampoco creo que hubiese. Era otra época, como diría mi nostálgico amigo; había solo dos canales de televisión y el periodismo era una ocupación respetable. Recuerdo con cuánta emoción esperábamos que a la fiesta de fin de curso, junto con la reina Sofía asistiera el Príncipe Felipe; un chico tan alto y tan guapo entre tanta niña causaba bastante revuelo. A veces se hacían en el colegio simulaciones de evacuación, seguramente por temor a algún atentado. En los años 80 la democracia era todavía muy reciente en España, lo que el golpe del 23F vendría a confirmar. ‘He elegido el camino de la verdad‘, es el lema traducido del latín que porta la medalla del colegio con la que nos obsequiaban al terminar nuestra escolaridad. No era una institución de monjas, pero sí recibíamos una educación cristiana basada en valores universales y objetivamente laicos como son el sentido del esfuerzo y del trabajo, la generosidad, la tolerancia, la creatividad y la participación. Teníamos a ese profesor grandote y simpático Carlos García Revenga, que lo mismo acompañaba al grupo de jardín de infancia que daba una clase de matemáticas como hacia un torneo de baloncesto. Durante su carrera fue ocupando distintos puestos en éste y otros centros educativos hasta que la Casa Real le confió la misión de máxima confianza y discreción que hoy ocupa. Hasta que se esclarezca la veracidad de los asuntos judiciales en curso, a la antigua alumna Cristina y a nuestro antiguo maestro Carlos les deseo toda la honradez, dignidad y entereza que aprendimos en aquellas aulas. Fueron sin duda tiempos mejores, años de pupitre y pizarra, de rosas y de inocencia.