El salón de actos de la ciudad suiza de Nyon (rebautizado para la ocasión como “La casa del futbol”) acogió el pasado viernes el primer acto de una representación de ensueño para el balompié español y, por extensión, del Viejo Continente. El relato de la ensoñación que el balompié patrio comienza a dibujar arrancó con la bifurcación de los caminos de nuestros dos gigantes, el primer objetivo en pos de conseguir la ansiada -desde antiguo-
final de Copa de Europa entre el Real Madrid y el Barcelona. Las bolas que conformaban el bombo de la Uefa resultó un resumen preciso de la salud del deporte rey europeo. Los cuatro mejores clubes de 2013 pertenecen a la saneada
Bundesliga -que luce con orgullo su ejemplar gestión financiera- y a la desequilibrada
Liga BBVA, que aporta el monopolizador del juego ofensivo del último lustro y la potencia económica preponderante. No es casualidad que se hayan quedado en la estacada el
emprobrecido calcio italiano (víctima de sus fantasmas corruptos) y la
peor Premier League que se recuerda (sometida al espectáculo pagando el coste de la competitividad) y no se percibe como un elemento exótico que Madrid, Bayern y a Barça lleven ya tres semifinales consecutivas.
Establecida ya la hoja de ruta para que el 25 de mayo se midan en Wembley los enemigos íntimos de nuestro fútbol, se antoja necesario analizar a los dos rocosos bloques teutones que obstaculizarán en grado sumo -a priori- la consecución de la platónica final española.
Bayern de Munich y Borussia Dortmund son dos equipos de estilo diferente, de mentalidad diferente pero con elementos deportivos y psicológicos comunes que jugarán un rol decisivo si son explotados por Jupp Heynckes y Jürgen Klopp.
Jose Mourinho y Tito Vilanova tendrán que ajustar los automatismos de sus vestuarios para tratar de que la expresión de su filosofía de juego reduzca el factor improvisado al mínimo indispensable. Si unas semifinales de Champions League cuentan con una dificultad y presión absolutas en su esencia inherente, la
necesidad de ajustarse al rigor táctico y recudir los errores es un mandamiento con valor de verdad universal.
El esquema de funcionamiento sobre el terreno de juego de Bayern y Borussia Dortmund parten de raíces antagónicas. El periodismo argentino exportó al planeta su división de estilos de fútbol identificada con los dos entrenadores que han llevado a la albiceleste a levantar la copa del mundo: la escuela resultadista que antepone ganar a cualquier consideración estética (liderada por Bilardo) y la escuela del juego ofensivo que arrincona la presión del resultado en favor del espectáculo (liderada por Menotti). Pues bien, en su justa extrapolación teutona, el
Bayern de Munich es un referente del rodillo resultadista y el Borussia Dortmund abandera el juego alegre, coral y ofensivo. Conociendo el cimiento de ambos proyectos deportivos (que han dominado la Bundesliga en los últimos tiempos con mano de hierro), es menester considerar las variables deportivas y psicológicas que ambos clubes añadirán a la fórmula que les lleve a Londres.
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Un poco de respeto para mí y mi trabajo. Nunca he consultado nada con nadie para preparar un partido. No necesito a nadie”. De este modo resumió Heynckes la mentalidad del Bayern. Le preguntaron si para preparar el choque ante el Barça iba a llamar a Guardiola. El orgullo del que es conocedor de su excelsa preparación cortó de raíz la especulación.
Con esta actitud sentenció la eliminatoria ante la Juve -la más igualada de cuartos sobre el papel- en al ida y se paseó en la vuelta en lasa casa de la Vecchia Signora. Una muesca más en el camino que los bávaros ha recorrido en el crecimiento de un bloque construido hace cuatro años con el único objetivo de ganar la Copa de Europa. Con ese fútbol agresivo, intenso, de líneas adelantadas, achique matemático de espacios y contras vertiginosas, los muniqueses se han convertido en el favorito para el galardón de 2013.
El Barça deberá preparar el partido considerando que va a tener que
afilar la fluidez combinativa y la salida de balón desde la zaga, porque la presión alemana en Munich puede sentenciar la eliminatoria en el partido de ida. Las pájaras del club culé fuera de su estadio ante Milan y PSG no ofrecen un panorama demasiado halagüeño ante el más que presumible arranque eléctrico de los 11 gladiadores teutones. Ribery, Robben y Müller ejercerán de punta de lanza ofensiva de un equipo compacto, imponente desde el prisma físico, que cuenta con dos laterales combativos y peligrosos como Lahm y Alaba. Pero, ¿qué motivación extra guarda el equipo bavaro en el vestuario?¿Hay algún ingrediente extra que añadir a las naturales ganas de tumbar al mejor equipo de la actual década?
El 19 de mayo de 2012 Bastian Schweinsteiger fallaba el cuarto penalti de la final de la Copa de Europa. El Bayern, que jugaba su segunda final en tres años (perdió ante el Inter de Mourinho en el Bernabéu), comprobaba como Drogba le clavaba el puñal más amargo:
saborear la gloria y perderla en tu propio campo. El club reaccionó con velocidad y firmó a Javi Martínez, Mario Mandzukic y Shaquiri, con el fin de apuntalar un proyecto exhuberante. Desde aquel aciago mes de mayo, los dirigentes del Bayern decidieron enfocar su concentración en el diseño de la plantilla campeona de Europa. Esa intención se trasladó al vestuario con Jupp Heynckes y el
hambre de titulos de jugadores de talla mundial como Ribery, Robben, Schweinsteiger, Lahm o Neuer han engrasado la máquina hasta
ganar la Bundesliga a falta de seis jornadas por disputarse (y 20 puntos de ventaja) e intimidar a sus rivales continentales con una impecable trayectoria. El
factor motivacional de revancha de los jugadores que se saben campeones parece haber contribuido al destacado factor fisico. Los bávaros exhiben una potencia sin parangón a estas alturas de temporada y competición.
El
Borussia Dortmund goza del prestigio que se ha granjeado a través de enamorar a los aficionados a este deporte con un juego vistoso, entregado al colectivo, que comparte con sus vecinos laterales largos y peligrosos, transiciones punzantes y el hambre de gloria toda vez que
se han sacudido la presión de ser el favorito ante el Málaga. Ahora, recuperan el traje de tapado para intentar sorprender de nuevo al Real Madrid y a Jose Mourinho. Los analistas atisbaban a comienzos de temporada que el equipo de la cuenca del Rhur iba a respetar al Madrid en su primer choque de la temporada, en el Westfalen Stadium, ya que, como muestra su estilo alegre, dejarían jugar al rival en pos del espectáculo. Noventa minutos de juego ofrecieron una realidad muy diferente.
Los pupilos de Klopp no solo dominaron la posesión del balón con la fluidez combinativa habitual, sino que no dejaron salir de su área al equipo español. La
inesperada presión absoluta ejercida sobre la salida del balón del equipo capitalino se extendió a lo largo de todo el encuentro y el Borussia ganó a los merengues. En el Bernabéu, con el descaro que caracteriza a la apuesta alemana, repitieron esquema y arrancaron algunos pitos a la contrariada parroquia madridista que comprobó de primera mano como el Madrid no pudo ganar un partido al joven combinado alemán.
La
recuperación de Hummels como capitán general y primera piedra de la salida de balón, Klopp sabe que su
romántico proyecto puede gozar de un espaldarazo histórico y no puede esperar demasiado. El propio Hummels, el goleador Lewandowski y el artista de la mediapunta Götze son perlas muy valiosas para los gigantes europeos y este verano podrían abandonar el barco a cambio de un gran botín económico -no hay que olvidar que el Borussia es un club vendedor-. Con esta urgencia y superado ya los miedos propios de jugar las últimas fases de la mejor competición del planeta, el Dortmund busca
coronar su renacimiento ante el último equipo que le alejo de la final de la Champions. En 1998, el Madrid de Roberto Carlos, Raúl, Mijatovic, Hierro y Redondo, tumbaba a la gloriosa generación liderada por Mattias Sammer -hoy director deportivo del Bayern-.
La sed de venganza se filtra para fundirse con el hambre de gloria de un grupo que se sabe agonizante. Mourinho deberá
pulir los extrañamente habituales descensos de concentración de sus jugadores porque el empuje en el partido de ida de los alemanes podría sentenciar la eliminatoria. Si bien es el equipo más débil sobre el papel de estas semifinales, no debe tomarse como referencia el agónico partido ante el Málaga, ya que este equipo no se siente bien como favorito.
La fortaleza y equilibrio en el centro del campo será básico para contener la velocidad combinativa orquestral del bloque diseñado por Klopp. El factor físico se iguala en esta eliminatoria, pero los automatismos de ambos equipos no están igualmente pulidos en el Bernabéu que en el Westfalen.
Contener y esperar la oportunidad con paciencia en la ida debería ser un buen ancla para ir creciendo en la eliminatoria. Un partido e tú a tú podría propiciar otra sorpresa negativa en Chamartín.