Crónica política
Sábado 13 de abril de 2013
Esta moda del escrache va alcanzando ya niveles insostenibles para una democracia. La tercera autoridad del Estado, el presidente del Congreso de los Diputados, ha sido la última víctima de esta nueva modalidad de acoso desconocida en España hasta hace unas pocas semanas.
Y ha tenido suerte, señalan los analistas políticos consultados por este diario, porque la Policía Nacional ha impedido a ese grupo de acosadores acercarse a la puerta del domicilio de Jesús Posada. Justo en un día en el que la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, tambíén víctima de este tipo de actuaciones, subrayaba que “mi casa es otro terreno, es el de mi vida personal y, sobre todo, el de mi familia”.
Como señalan fuentes políticas y policiales consultadas por este diario, “se está empezando a pasar la línea roja, la que diferencia el ejercicio de derechos democráticos, como son la manifestación o la reunión, con el acoso a no solo ya a dirigentes políticos, sino a personas y a sus familias”. Es más. En esta línea los mismos medios se preguntan si “visto lo visto, del movimiento del 15-M no queda nada, ahora que la radicalidad se ha trasladado al acoso de los dirigentes y miembros del PP en su domicilios”.
Lo que más llama la atención, señalan estas fuentes, es el apoyo que Izquierda Unida está dando a estos grupos y el silencio del PSOE. La respuesta es sencilla, subrayan, “para la izquierda estos actos de acoso son democráticos, pero y si algún día delante del domicilio de Alfredo Pérez Rubalcaba o de Cayo Lara se presentaran una serie de personas pidiéndoles responsabilidades por sus actuaciones políticas, que dirían: que la ultraderecha les acosa”. Pues bien, “ése es el problema”, recalcan las mismos medios, que “otra esta vez vuelve a funcionar la ley del embudo, es decir, lo que vale para otros, el PP, el acoso, no vale para mí”.
Los analistas consultados subrayan también que como han cambiado las cosas. Los escraches no existían en la época de José Luis Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno, ni de Alfredo Pérez Rubalcaba como vicepresidente. Un Ejecutivo que vio y permitió como los bancos empezaban a acometer desahucios, aunque como dijo Zapatero la banca y la economía española estaban en la “Champions League” mundial. Mientras decían esto, miles de españoles empezaban a ser desahuciados, eso sí, sin escraches, y sin una sola crítica a la banca.
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