Opinión

Al Qaeda, Siria y el peligro para Europa

Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 13 de abril de 2013
Desde hace meses, la comunidad de inteligencia viene advirtiendo de la creciente pujanza de los grupos terroristas yihadistas dentro de la oposición a Bashar El Asad. A medida que la guerra civil siria se ha ido alargando, la oposición democrática –aquellos que se manifestaban en las calles y que fueron reprimidos sin piedad en 2011- han perdido protagonismo frente a los grupos armados en el interior de Siria: milicias, terroristas, facciones, etc. Entre los rebeldes armados, destaca el grupo terrorista Jabhat Al Nusra, que ha jurado lealtad al líder de Al Qaeda, el médico egipcio Al Zawahiri. Uno ya no sabe dónde están los demócratas en el conflicto sirio pero sí parece claro que los radicales están en los dos bandos.

Entre los llamados “rebeldes”, hay numerosos europeos. El Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización ha advertido la presencia de varios centenares de británicos, holandeses, franceses, daneses, suecos, etc. Entre ellos, hay incluso algunos españoles. En términos absolutos, se calcula que los extranjeros que han participado o participan en la guerra siria estarían entre dos mil y cinco mil quinientos. De ellos, entre setenta y cuatrocientos serían europeos. La dificultad de acceder a información dentro del país dificulta el estudio pero sí podemos hacer alguna valoración de estos datos.

La primera guerra de Afganistán (1978-1992) fue un revulsivo para una generación de jóvenes islamistas que viajaron para luchar junto a los muyahidines que la CIA apoyó y varios países del Golfo financiaron. La Guerra de Bosnia (1992-1995) tuvo el mismo papel a finales de los 90 y fue la experiencia iniciática para centenares de yihadistas que nutrirían las filas de Al Qaeda y sus distintos grupos afiliados en todo el mundo. Desde el GIA argelino hasta los terroristas del 11-S, la experiencia de la guerra construyó una mitología de la lucha, el sacrificio y el martirio perversa pero efectiva. En esas guerras se tejieron amistades, nacieron células y se forjaron relaciones que han sembrado el terror por el mundo entero. A veces, la preocupación no debe ser tanto el radical que dispone de un millón de soldados sino más bien aquel que controla a cien incondicionales.

La creciente influencia de Al Qaeda en el conflicto sirio, su reactivación en Irak y la Península Arábiga y la resistencia que los yihadistas están ofreciendo en el Sahel son motivos de preocupación no sólo para los gobiernos directamente afectados. Cuando esos conflictos terminen, la experiencia iniciática de la Yihad tendrá consecuencias imprevisibles... O no tanto. En realidad, los antecedentes muestran que una parte de los que vuelvan a Europa no se desvincularán del mundo radical, que los habrá dotado de una experiencia fundamental a la hora de construirse una identidad y un modelo de vida.

Los Estados Unidos, el Reino Unido y algunos países del Golfo han apoyado de distintas formas a quienes se enfrentaban a El Asad. De la oposición política pacífica y las manifestaciones se pasó a la guerra civil donde uno ya no distingue dónde han quedado los demócratas y los moderados. El terrorismo y los crímenes contra la población civil van de la mano y ambos bandos los han cometido. Al Qaeda puede sacar partido de esta inestabilidad en un país cuyos arsenales químicos harían empalidecer los de armamento convencional que han reforzado a los yihadistas del Azawad.

Nadie sabe lo que el regreso de esos jóvenes pueda deparar a Europa.

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