Jordi Pujol: Tiempo de construir. Memorias (1980-1993). Destino. Barcelona, 2012. 445 páginas. 23,95 €. Libro electrónico: 15,99 €
Destino recupera este segundo volumen de las memorias de Jordi Pujol –que aparece ahora en
e-book-, donde recorre el periodo comprendido entre 1980-1993, aunque haciendo guiños al presente y, en menor medida, al pasado, esto es, a su etapa antes de llegar a la política. Consciente de que no es una obra aislada sino que forma parte de una trilogía, en ocasiones anticipa hechos que analizará en la tercera parte:
Años decisivos, suscitando la atención del lector. En este sentido, son destacables sus alusiones a los gobiernos tripartitos, de los que no proyecta una imagen positiva, en particular de Pascual Maragall, al que define como imprevisible.
Entre 1980-1993, Pujol buscó consolidar su programa y su proyecto para Cataluña, para la cual no escatimó escenarios: la Generalitat, Madrid y una ingente política internacional, con destinos tan dispares como Japón, Estados Unidos, Israel, Alemania, Italia o Marruecos. Obviamente, la autocrítica aparece en contadas ocasiones a lo largo de las más de 400 páginas. Consecuentemente, uno de los elementos que da valor a esta obra es que nos relata aspectos que pueden ser desconocidos, sobre todo para los más jóvenes, de las dinámicas políticas catalana y española.
En efecto, Pujol subraya su aprecio por la figura de Adolfo Suárez, al tiempo que critica que otros integrantes de la UCD, como Rodolfo Martín Villa o Leopoldo Calvo Sotelo, no fueran tan autonomistas como el presidente del Gobierno. Esto lo enlaza con otra de sus tesis fundamentales: las ansias de autogobierno catalanas siempre fueron mayores que en otras Comunidades autónomas españolas insinuando, de manera poco velada, que estas últimas se han beneficiado de que Cataluña siempre haya estado a la vanguardia del autonomismo. Afirmación un tanto excesiva, por otro lado. No menos sorprendente son las explicaciones que da sobre el PSOE cuando dispuso de mayoría absoluta, señalando que mostró gran hostilidad hacia CiU y hacia él, enfatizando la nula autonomía de funcionamiento del PSC.
Pujol defiende el nacionalismo catalán; es más, pese a las críticas, no se arrepiente de etiquetar a su formación como “nacionalista” y trata en todo momento de justificarlo, indicando que siempre apostó por contribuir a la gobernabilidad de España, aunque a la hora de priorizar escenarios, Cataluña estaba por delante de Madrid. Asimismo, define el nacionalismo de CiU como de “centro” o incluso de izquierdas, ya que su modelo era el Estado de Bienestar sueco, contradiciendo a quienes acusaban a su partido de ser de derechas.
Llegados a este punto, Pujol magnifica el rol que ha jugado no sólo CiU, que también, sino Convergencia Democrática de Cataluña (CDC), realizando algunas críticas hacia su socio de Unió, tema en el que profundiza en el tercer volumen de sus memorias, pero siempre dejando claro que no se arrepiente de haber creado la coalición.
Finalmente, dosis de victimismo recorren toda la exposición del expresidente de la Generalitat, que pueden dar como resultado que el lector saque la conclusión de que durante 23 años de mandato, además de gestionar, hubo de hacer frente a los boicots continuados de sus adversarios políticos y mediáticos, lo que no le impidió transformar, como sinónimo de mejorar, Cataluña.
En definitiva, ciertamente Pujol y sus gobiernos sucesivos modernizaron Cataluña, pero no es menos cierto que España, en su conjunto, tuvo un desarrollo similar en esos años y a todos los niveles, producto del deseo de cambio y avance expresado por toda la sociedad.
por Alfredo Crespo Alcázar