Cristobal Villalobos Salas | Lunes 15 de abril de 2013
Cuando parecía ya que el affaire Bárcenas se enfriaba, oculto por la basura que nos asalta en los telediarios todos los días, y mientras nos entretenían con debates jurídicos absurdos sobre la Infanta y sus líos, o más bien los de su cónyuge, el cabrón de Bárcenas ha decidido coger el toro por los cuernos y volver a poner en jaque a todo el gobierno de un país.
Para regresar de nuevo a la palestra mediática ha elegido muy bien a su altavoz: nada más y nada menos que Raúl del Pozo, un periodista de raza de los pocos que quedan en este país, de esos que no pueden ser acusados de estar vendidos a unos o a otros. Ese es sin duda el peligro que acecha al gobierno y a todo el Partido Popular, pues no es lo mismo que Raúl diga que ha visto unos papeles que, por el contrario, lo diga cualquier mercenario de esos que abundan en tertulias y papeles.
Por si quedaba alguna duda Bárcenas, o lo que pomposamente llaman “el entorno”, se ha afanado en mostrarle la misma documentación a otros periodistas, desmontando la duda de la existencia de los documentos que se publicaron en su momento en prensa. Sin embargo, que existan esos papeles no quiere decir que lo que digan sea cierto, o que ellos mismos sean auténticos. Lo verdaderamente grave es que, si en un primer momento casi todos vimos creíble que la corrupción campara a sus anchas en las altas esferas del Partido Popular ahora esta circunstancia, que podría acabar con un gobierno, se hace aún más factible. La situación se torna más que complicada, pues aparecen nuevos datos preocupantes: cheques, empresas tapadera, recibos… Esperaremos todas las mañanas las nuevas revelaciones de los periódicos, como tantas otras veces.
Mientras escribo Arturo Pérez Reverte asalta Twitter. Sus reflexiones, fuera de cualquier corrección política, son fácilmente suscribibles por buena pare de la población española, menos por los que nos gobiernan, que se echan las manos a la cabeza. Un ejemplo más de lo alejados que nuestros dirigentes están de la realidad, habitando mundos paralelos de brotes verdes y desayunos informativos.
Dice don Arturo que vivimos en una dictadura fiscal gobernada por una pantalla de plasma, con un Presidente enrocado y ajeno al mundo en el que vive. Tras la tragicomedia del plasma se esconde una clase política atrincherada para conservar sus privilegios y así, los problemas que nos acucian, no hacen más que multiplicarse.