Miércoles 17 de abril de 2013
El líder de Unió, Josep Antoni Duran Lleida, se reunía ayer con el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy en la sede del Consejo Europeo en Bruselas. Si dicha reunión hubiese tenido una repercusión mayor, es más que probable que el ejecutivo autonómico catalán la presentase como “bilateral”, aunque no fue el caso. El supuesto distanciamiento entre CIU -sobre todo Unió- y Esquerra podría ser una de las razones. Otra, las dificultades del propio Durán a la hora de buscar un encaje determinado.
Unió pudo haber frenado las ansias secesionistas de Convergencia. Sin el apoyo de sus 12 diputados en el Parlament, los nacionalistas catalanes lo tendrían muy complicado a la hora de seguir adelante con su órdago soberanista. Sin embargo, a la hora de la verdad, Unió se posicionó junto a ellos. A nivel nacional, eso le ha restado un crédito ya de por sí mermado. Y en el ámbito autonómico, Unió no deja de ser el partido con menor peso específico dentro del nacionalismo, muy por detrás de Convergencia y Esquerra. De ahí que la cita europea de Durán no tenga mayor trascendencia. En Bruselas saben que su influencia tanto en Madrid como en Barcelona no es ni remotamente la que fue. La irresponsabilidad y la falta de definición en momentos cruciales han acabado lastrando la trayectoria de un político muy capaz. Es una lástima que Durán y Unió no hayan sabido aprovechar la deriva secesionista de Mas y su caída en las garras de Ezquerra.
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