Opinión

Harto de huelgas y del tío de la ‘chapita’

Javier Cámara | Jueves 18 de abril de 2013
Soy usuario del transporte público de Madrid. Por motivos laborales, mi horario me evita las horas punta por lo que no sufro lo “peor”, la masificación. Me gustan el tren de Cercanías y el Metro, especialmente, por su eficiencia y rapidez. El servicio de autobuses de la EMT funciona también con una aceptable fiabilidad y es agradable ir disfrutando del paisaje de una ciudad bonita, pero está más sometido a los avatares del tráfico rodado.

Todo funciona bien, excepto si hay huelga. Y, desgraciadamente, eso pasa cada vez con más frecuencia. Parece que no hay límite a la legítima reivindicación de los derechos de unos trabajadores, los de Metro de Madrid, no del todo justa.

Pero, aún así, no es lo peor. Molesta sobremanera, por ejemplo, llegar al ‘hall’ de Atocha y encontrarte con decenas de individuos apostados a modo de cadena humana insalvable. Todos con su chapa identificativa del sindicato en lugar perfectamente visible, si no acompañada de varias pegatinas por el resto del cuerpo, y repartiendo octavillas en las que se anuncia su nueva movilización. O sea, lo contrario, su próximo paro. Es decir, el fastidio para el pobre usuario que ya ha pagado por un servicio que le están diciendo que no va a recibir.

Un consejo: coja uno de esos panfletos y llévelo también en lugar visible, casi como una bandera, porque, si no, le asaltarán otros cinco o seis con su taco de impresos hasta que consiga salir de la estación. Lo peor, que además intenten darle algún tipo de explicación:

- ¿No lo lee?
- No.
- ¿Pero ya está informado?
- Si.
- ¿Y está de acuerdo con las reivindicaciones?
- No.
- ¿Pero sabe lo que pedimos?
- Si.
- ¿Y por qué no está de acuerdo?
- Porque no.
- (Enfadado) Pues que sepas que sólo pedimos a la gente un poco de solidaridad porque estamos en lucha, lo estamos pasando mal…
- (También enfadado) ¿Solidaridad? Reclamáis trabajar menos y cobrar más y no se os ocurre otra cosa que fastidiar (por no decir ‘joder’) a los mismos que pedís solidaridad… ¡solidarizaos vosotros con los millones de españoles que están trabajando más y cobrando menos!

Te tienes que marchar. No tiene sentido intentar dialogar con alguien que sigue echándole la culpa a Esperanza Aguirre, que no sé si la tiene, pero no viene ya al caso porque, como todo el mundo sabe, ya no anda por estos lares. Pero lo consiguen, ganan. Y uno se va camino del trabajo enfadado, de mala leche, con el recuerdo de la cara de un tío dispuesto a ponerte más difícil el día y que, para colmo, te pide que te leas una octavilla con sus reivindicaciones.

Y digo yo: ¿De verdad esperan los sindicatos la solidaridad de los usuarios cuando buscan días de fiesta como San Isidro o el día de la final de la Copa del Rey para colapsar el transporte? ¿Pagarán los 6,6 millones de euros que llevan acumulados de pérdidas para la compañía por los paros? Del mismo modo, si este dinero se cobra, ¿rebajará el Consorcio de Transportes de la Comunidad las tarifas a los usuarios como consecuencia del cobro por adelantado de un servicio que después no se ha prestado? ¿Por qué no se solidarizan los sindicatos con los usuarios y hacen huelgas cuando nos suben los precios de los abonos, bonos y billetes?

Los sindicatos deberían replantearse sus estrategias. No pueden seguir con tácticas de principios del siglo XX. No pueden seguir basando su acción de protesta en fastidiar a un trabajador que ya los ve como unos privilegiados a los que sólo importa mantener su cuota de poder. No seré yo el que quiera quitar sus derechos a los trabajadores de Metro, pero los dirigentes sindicales que les representan no están a su altura y les hacen un flaco favor con su actitud.

Su huelga trastorna los planes de los viajeros. Ya cabrea, pero, por favor, ¿es necesario tener que aguantar, además, al tío de la chapita? Los ánimos están encendidos. La gente cada vez aguanta menos. ¡Qué no pase nada!

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