Austria
Miércoles 30 de abril de 2008
El caso del "carcelero" de Amstetten, Josef Fritzl, que mantuvo 24 años secuestrada a su hija y la convirtió, a través de violaciones, en madre de seis hijos, mantiene a Austria indignada. Unas doscientas personas se han congregado esta noche en la plaza principal de la localidad austríaca de Amstetten llevando velas para expresar, con un "mar de luces", su ira y profunda tristeza por el "Caso Elisabeth Fritzl".
"La consternación, la tristeza, la ira, quizás también el odio, nos han acompañado en los últimos días. Tuvimos que tomar nota de que en nuestra ciudad había algo que no podíamos comprender", dijo el párroco Peter Bösendorfer en este acto.
Con paraguas bajo la lluvia, numerosos ancianos y niños respondieron espontánea y rápidamente a la convocatoria de esta tranquila manifestación.
La concentración fue organizada por una iniciativa fundada, bajo el nombre "Comunidad afectada humanamente", por dos madres que no tenían relación alguna con el terrible suplicio de encierro y violación que sufrió Elizabeth Friedl en los últimos 24 años.
Esta pequeña ciudad de 23.000 habitantes, a 130 kilómetros al oeste de Viena, quedó estupefacta y horrorizada al conocer que uno de sus ciudadanos, Josef Fritzl, un jubilado de 73 años que era respetado por todos, llevaba una doble vida.
Mientras era tenido por buen marido y padre, aunque muy autoritario, de su familia de siete hijos, en secreto tuvo otros siete hijos de una de sus hijas (Elisabeth), a quien, tras simular en 1984 que había huido a una secta en un lugar desconocido, mantuvo a la fuerza encerrada en el sótano de su casa.
Abusó sexualmente de ella y la hizo siete hijos, que nacieron todos en la vivienda subterránea de 60 metros cuadrados construida, sin ninguna ventana, en el citado sótano.
Tres de ellos vivieron allí con su madre hasta el sábado pasado, sin ver la luz del sol; otros tres Josef los depositó, en tres ocasiones diferentes, delante de su casa oficial, con sendas cartas de su madre, que, en apariencia, se había unido a una secta y que escribió bajo presión indicando que no podía ocuparse del bebé.
Horror entre la opinión pública
Así, los otros tres hermanos fueron educados por Josef Fritzl y su esposa, Rosemarie, sin que ésta imaginase que su hija se encontraba en el sótano de la casa y que el padre de esos niños era su propio marido.
Un tercer bebé murió poco después de nacer, y su padre-abuelo quemó sus restos en una caldera de calefacción.
Los análisis de ADN efectuados por las autoridades confirmaron hoy esta historia, que en parte había sido revelada ya por Elisabeth el domingo, y por Josef ayer.
La horrible noticia ha dado la vuelta al mundo causando horror y cientos de periodistas de diversos países acudieron a esta pequeña ciudad, que ahora se ha vuelto famosa de la forma más macabra posible.
"Queremos hacer algo positivo, expresar nuestra condolencia", "No todos los habitantes de Amstetten son malos", "Tenía que hacer algo, todos los días he pasado delante de esa casa en mi camino al trabajo, no lo puedo creer", comentaron algunos de los manifestantes en declaraciones a la televisión pública ORF.
El torturador gozaba de una buena posición económica
Según los datos, el jubilado de 73 años, que encerró a su propia hija durante casi un cuarto de siglo y con la que tuvo siete hijos, está registrado como propietario único de seis bienes inmuebles, repartidos por varias localidades del Estado federado de la Baja Austria.
En la lista figuran la propia casa familiar, tres edificios con numerosos apartamentos y locales comerciales, otra casa y un terreno, por un valor estimado de unos 2,2 millones de euros.
Los edificios están ubicados en las localidades de Waidhofen an der Ybbs, Sankt Pölten (capital de Baja Austria) y en Amstetten, la ciudad de 23.000 habitantes donde el perito eléctrico jubilado encerró a su hija en un sótano debajo de su casa.
Según informa el semanario vienés "News", en un solar adquirido por Fritzl hace apenas tres años, el hombre había hecho mover decenas de metros cúbicos de tierra, aparentemente sin ninguna finalidad.
Después de destaparse el caso del calabozo subterráneo de Amstetten, la policía también investigará ese lugar, asegura "News".
El semanario destaca, además, que en uno de los inmuebles adquiridos por Fritzl en Amstetten el hombre quería construir 13 casas adosadas, un centro de oficinas y un aparcamiento para 30 vehículos, un proyecto que fue suspendido ante la resistencia de los demás vecinos.
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