Opinión

Por unos nuevos pactos de la Moncloa

Enrique Arnaldo | Jueves 25 de abril de 2013
La semana pasada me desfondé con un artículo hiperpesimista sobre la situación del país y, por más que la prima de riesgo haya bajado a 300 puntos y la Bolsa se haya dado una pequeña alegría, sigo instalado en la desesperanza.

Rajoy se ha hartado de decir que no le gustan las medidas que se ha visto obligado a tomar, pero no hay otra alternativa porque el Gobierno anterior dejó el país hecho unos zorros.

Rubalcaba, por su parte, critica con toda la acidez que puede, las disposiciones del Gobierno de Rajoy al que achaca romper con el Estado del bienestar y hacer cargar sobre las espaldas de los sufridos ciudadanos todos los efectos de la crisis. En todo caso omite oportunamente toda defensa del Gobierno anterior del que formó parte.

El esperpento llega al punto de que una egregia representante de dicho Gobierno anterior aseguró que nos encontramos en una situación de emergencia nacional. Así, como si tal cosa, como si en nada les fuera achacable.

Lo que sí es constatable es que tanto el partido del Gobierno actual como el del Gobierno anterior bajan muy sensiblemente en intención de voto. Se produce así una situación insólita cual es que el desgaste del Gobierno actual no es aprovechado por la oposición, incapaz de encontrar su sitio y dividida en banderías internas para segar la hierba a Rubalcaba.

Mientras la crisis se agrava o al menos no aparecen síntomas constantes de mejoría, la casa sigue sin barrer. Ante el drama nacional la receta no puede seguir consistiendo en la aplicación de analgésicos, sino que ha de acudirse a la cirugía. El cirujano que, no tiene por qué ser de hierro (como quería Joaquín Costa), no cabe que sea uno solo sino un equipo del máximo nivel formado por todos los partidos políticos que deseen lealmente sumarse a un nuevo pacto constituyente que debe centrarse en la reformulación del Estado autonómico y de su financiación, dejando para mejor ocasión otras cuestiones que pueden distraer del objetivo de reconstruir un Estado viable y, como se dice ahora, sostenible.

Hace treinta y seis años, en un contexto político y económico-social que rememora al presente en muchos aspectos, con abundantes renuncias pero con espíritu constructivo, se suscribieron unos Pactos de la Moncloa que alumbraron todo, absolutamente todo, lo que después España ha sido. Es el momento de remar en la misma dirección, marginar rencillas y dejar de lado intereses partidistas. ¡Volvamos a los orígenes, al consenso, y reformemos de la mano común el título VIII de la Constitución!

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