Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 27 de abril de 2013
Hace ya algunos meses se comenzó a difundir el rumor de que el régimen de El Asad estaba utilizando armas químicas para combatir a los rebeldes en Siria. Poco a poco los rumores fueron convirtiéndose en noticias dudosas, pendientes de confirmación en extremos determinantes… El tipo de información que uno no sabe bien si es una maniobra de intoxicación o la denuncia cierta de una atrocidad. La dependencia de los contendientes para conocer bien lo que sucede en Siria sigue determinando las decisiones que se adoptan y la orientación de la opinión pública. Según la agencia de noticias que uno siga o la cadena de televisión que vea, el enfoque es realmente distinto. O el régimen de El Asad está asesinando sin piedad a su propio pueblo o está sufriendo el asedio de una coalición de agentes extranjeros, terroristas islamistas y señores de la guerra.
Sin embargo, esta semana se han publicado varios datos que permiten sospechar lo peor. El Gobierno estadounidense ha reconocido que tiene “ciertas garantías” de que se han utilizado armas químicas aunque no de forma masiva. El Gobierno británico ha manifestado que las pruebas son “crecientes” y ha señalado el uso de gas sarín en dos ocasiones distintas. Los grupos de la oposición a El Asad afirman que lleva utilizándolas meses. El Ministro sirio de Información Omran Ahed al-Zouabi ha advertido que las armas químicas sirvieron para preparar la invasión de Irak y ha denunciado que se está intentando hacer lo mismo con Siria. Rusia ha propuesto que se cree sobre el terreno un “mecanismo de inspección” del uso de estas armas.
El conflicto sirio está bloqueado. Uno y otro bando logran victorias tácticas pero nadie logra imponerse. Es improbable una intervención militar por tierra. Nadie quiere más guerras como las de Afganistán e Irak. Incluso una ofensiva aérea implicaría problemas y ninguno de los países que podrían realizarla está en condiciones de hacerlo. Las opiniones públicas de los Estados Unidos o el Reino Unido se oponen a más acciones bélicas en el extranjero. Sin embargo, la guerra podría cambiar su curso si los países occidentales suministrasen armas a los rebeldes, que las vienen pidiendo desde hace mucho. Hasta ahora, sus intentos de lograr esta ayuda militar habían fracasado. Sin embargo, la situación podría cambiar si el régimen utilizase armas de destrucción masiva contra los rebeldes. La opinión pública es mudable. El sufrimiento de los civiles víctimas de ataques químicos podría producir el efecto de desbloquear una ayuda que los rebeldes piden con insistencia y de la que puede depender la evolución –y tal vez el fin- de la guerra en siria.