Domingo 28 de abril de 2013
¿Cuál es el significado de la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros del pasado viernes? En principio es un viernes más en el que el Gobierno adopta nuevas medidas para acabar con la crisis fiscal de España. Pero es algo más. Por un lado, el gobierno reconoce, con sus nuevas previsiones de crecimiento y empleo, que ha fracasado en su política económica. Y, por otro, insiste en la misma política económica que ha llevado a ese fracaso. Lo cual, en conjunto, supone que el Gobierno ha tirado la toalla en la principal misión encomendada a sí mismo y por los españoles, que es la de atender cumplidamente la gestión de la crisis económica.
Mariano Rajoy ha asumido un discurso según el cual es necesario reducir el déficit para que la financiación pública sea viable, y para que no absorba el escaso crédito que se genera en España. Eso permitiría respirar al sector privado, y sentaría las bases de la recuperación. El discurso es impecable. Pero insuficiente. Porque lo que ha hecho el Ejecutivo de Mariano Rajoy es que el ajuste lo haga el sector privado.
Ha subido los impuestos, lo cual retrae la recuperación y favorece la alarmante destrucción de empleo. Ha introducido unos elementos de racionalización del gasto y de los servicios públicos. Es lo que, no sin exageración, se llama recortes. Pero ni ha recortado el elefantiásico sector empresarial público, ni ha recortado y modernizado la estructura del Estado, ni ha reducido las subvenciones a sectores sociales y empresariales.
En definitiva, ha hecho que el ajuste recaiga en los ciudadanos, para evitar que tenga que hacerlo el Estado. Esto último le obligaría a enfrentarse a los intereses creados, a esos grupos organizados, y poderosos, que tienen mucho interés en seguir recibiendo dinero del Estado. Frente a esos, el discurso de seriedad que ofrece Rajoy se convierte en una mofa. Ha decidido salvar al sistema, un sistema enfermo y que nos carcome, a costa de los españoles. No es sólo un problema económico. Es una exigencia de justicia. Rajoy la desconoce. La desoye. La desatiende. Y esa actitud amenaza con arruinar su gobierno, y pone en riesgo el conjunto de la nación.
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