Opinión

Homo Sapiens versus Homo Videns

David Ortega Gutiérrez | Martes 30 de abril de 2013
El pasado 23 de abril celebramos el día del libro, y a pesar del marketing y consumo que implícitamente lleva este día, sí puede resultar de interés reflexionar un poco sobre las implicaciones que para la persona tiene la lectura de libros. De entrada tenemos que saber que el ser humano es un ser profundamente social, su entorno le influye y le determina sí o sí. Es bueno que todos seamos conscientes de ello. Es imposible vivir al margen del mundo que te rodea, que te marca y te influye. Sin embargo, esto no implica que la persona no tenga ningún margen de libertad o de reacción frente a esa realidad social en la que vive.

¿Cómo juega la lectura de los libros en esta coyuntura? Pues prácticamente de manera decisiva. Me explicó. Los libros conllevan una actitud de ensimismamiento muy recomendable en un tiempo como el actual, donde predomina y se vende lo superficial, inmediato y externo. Los libros producen un debate interior con uno mismo. Te ayudan a cuestionarte cosas, a conocer realidades, a que tu pensamiento y formación evolucione, a crecer como persona, al “libre desarrollo de la personalidad” (art. 10.1 CE, base del derecho a la dignidad). Lógicamente me estoy refiriendo siempre a los buenos libros, aquellos que te dejan huella, y que son bastantes.

Los libros te dan las herramientas para la vida, el qué, el cómo y el por qué para vivir. Es la obra humana por excelencia, donde a través de milenios, nos hemos ido dejando los seres humanos nuestro conocimiento y experiencias para las generaciones futuras. El libro nos hace más humanos, en ellos los muertos viven, nos habla Cervantes, Shakespeare -ambos murieron precisamente un 23 de abril- o el gran Platón. El libro vence las coordenadas espacio/tiempo logrando lo mejor de nosotros mismos. El libro armoniza el pasado con el presente y proyecta el futuro a través del nuevo lector.

Vivimos un tiempo peligroso, denominado por algunos de la Sociedad de la Información o Aldea Global. Pero cuidado con el pensamiento unidimensional o predominante, el poder hoy de los medios de comunicación social es inmenso y marcan un tipo de pensamiento determinado sobre lo que hay, lo que ocurre, de lo que se habla y de lo que no. Frente a las televisiones, la industria del cine, de la música o del deporte, que son los pilares básicos del ocio actual, los libros nos ofrecen algo enormemente distinto, pues el movimiento de interacción con la persona es inverso. Mientras la industria y el negocio de la televisión, cine, deporte y música -aunque en el cine y la música hay algo más de diversidad y minoritariamente cosas salvables- el movimiento formativo en la persona es de fuera a dentro, esto es, pasivamente la persona recibe indefensa determinados mensajes o modos de vida que, segundo a segundo, estas industrias le imponen o sugieren con un falso halo de libertad.

Por el contrario, el movimiento de los libros es justo al contrario, va de dentro a fuera. Primero exige una importante y profunda actividad por parte del lector, cosa que no se produce en el caso del pasivo televidente que traga y encaja casi todo. Y en segundo lugar, implica un crecimiento en el lector que después de la lectura de algunos libros ya no será el mismo. Sólo los libros pueden lograr que nazca en nosotros la segunda naturaleza que casi todos llevamos –según señalaban Platón, Locke, Nietzsche, Ortega o Russell. Esto jamás lo logrará la televisión o el cine, tal vez sí determinado tipo de música que promueva ciertos valores y actitudes en el ser humano.

Los libros son el corazón del homo sapiens, la televisión es el corazón del homo videns. En el primer caso tenemos parte de lo mejor del ser humano, en el segundo nos encontramos con una persona dócil, manipulable, con el criterio que otros deciden por él. Los libros nos dan la libertad auténtica, nos alejan de nuestra parte más animal y nos hacen más humanos. La televisión no produce ni mucho pensamiento, ni mucha información de calidad, en no pocos casos nos muestra una imagen bastante sesgada de la realidad. Siempre he pensado que dos o tres libros buenos al año valen más que todos los telediarios o informativos que veamos en 365 días.

Los libros nos dan la libertad interior, de conciencia, nos dan el conocimiento sobre el cual elaboramos nuestros propios razonamientos y pensamientos. Los libros son antropogenéticos, la televisión también, (Giovani Sartori ya nos lo enseño en su Homo Videns, Taurus, 1998) pero la persona que resulta del funcionamiento de ambos es muy distinta. La imagen es muy diferente a la página escrita, sólo la página escrita nos ofrece el aparato informativo y formativo para poder interpretar, entender y actuar en el mundo, con los demás y frente a nosotros mismos. Ahí es nada, esa es la gran fuerza e importancia del libro.