Opinión

Monago y Felipe González, juntos por Extremadura. ¿Otra España es posible?

José Antonio Sentís | Miércoles 01 de mayo de 2013
Entresaco una noticia entre el millón de novedades desalentadoras de nuestra España de hoy. Felipe González, el ex presidente socialista del Gobierno de España, apoyará el próximo lunes la inversión internacional en Extremadura en un acto con el presidente regional, José Antonio Monago, del Partido Popular.

La intrahistoria de este particularísimo evento, absolutamente inhabitual en la España sectaria, partidista y endogámica que tenemos, es, sin embargo, muy sencilla. Un presidente autonómico plantea de forma humilde e independiente la necesidad de apoyo para su comunidad. Y un dirigente político de prestigio internacional, aunque de signo político opuesto, acepta con independencia y generosidad el reto.

El significado de este encuentro conjunto trasciende en mucho el propio hecho de la convocatoria de apoyos para una región como Extremadura, tan cuajada de problemas como ilusionada por superarlos. Lo que expone que Monago y Felipe González puedan unirse en una mesa con un objetivo suprapartidista es que otra España es posible. Una España en la que puedan concursar juntos todos los esfuerzos para afrontar una crisis que está a punto de desmoronar las ilusiones de una sociedad entera.

Tal vez los protagonistas de este acto lo hayan hecho de forma espontánea y natural. Pero ninguno de los dos peca de ingenuidad, y ambos saben que desde Badajoz se puede mandar una señal extraordinariamente visible para todos. Porque hay muy pocos precedentes, si descartamos los viejos tiempos constituyentes, en los que personalidades destacadas de la política de signos distintos se unan para una misión común. Por el contrario, la tónica de España ha sido el aislamiento del adversario, incluso en enormes situaciones de crisis, catástrofes o hasta guerras.

Hay hechos económicos y sociales que marcan los procesos históricos, pero siempre he pensado que el motor de los acontecimientos está en el comportamiento de los humanos y, significativamente entre ellos, de los líderes. En esta crisis no tiene por qué ser diferente. Es misión de los dirigentes estrujar su imaginación para buscar salidas a los problemas de todos. Y, si no pueden hacerlo solos, buscando compañía.

¿Quiere esto decir que los agentes políticos deben perder toda identidad en pos de pactos? Para nada. En una democracia es necesario un gobierno y una alternativa. Pero ello no quita para que en ocasiones pueda haber alguna confluencia, por el bien común. Y, si nos ponemos cínicos, aunque sea para evitar el desastre propio, del gobierno y de la oposición, cada uno por su lado, que es un poco en lo que estamos.

Algo así debió pensar Monago, y lo mismo Felipe González.

El presidente autonómico extremeño es un político poco convencional. Siendo del PP, gobierna por la abstención de dos diputados de IU. Siendo de un partido liberal, se cuida muy mucho de las prestaciones sociales, pero, a la vez, cumple con la disciplina presupuestaria. Y está empeñado en incorporar a una región con dependencia agraria a la innovación técnica, científica e industrial, como demostró en unas recientes jornadas extremeño-israelíes para aprovechar la experiencia de éxito de esa "start up nation". Hasta ahora, ha demostrado ser de los mejores presidentes autonómicos de España. Eso sí, con una presidencia atípicamente ajena al seguidismo partidario, sin traicionarlo.

Por su parte, Felipe González tuvo una larga presidencia que merece respeto. A España le sirvió con eficacia en la etapa de homologación internacional, a base de empatía, lo que pudo ser continuado después por la determinación de Aznar. Sin embargo, por una razón incomprensible, ni a Felipe González (ni a Aznar) se le ha utilizado en bien de España, ni por los suyos ni por los ajenos.

Es un déficit español que tenemos que hacernos mirar. Pues cuando uno ve a los presidentes vivos estadounidenses unidos como institución, puede envidiar sanamente el desperdicio de nuestros líderes pasados. ¿Es que una vez fuera del poder deben ser metidos en el desván como trastos viejos? ¿Nada pueden aportar quienes han tenido la información, las relaciones, el conocimiento de los problemas al máximo nivel en España? ¿Sirven sólo como adorno en mítines partidistas en los que sólo pueden desfigurar su propia imagen de Estado como teloneros de querellas de baja estofa?

Ahora, Monago lo ha planteado con sencillez. Y le ha pedido a Felipe González que intente mover sus relaciones en bien de la inversión en Extremadura. Y con la misma sencillez, el ex presidente ha accedido. Un diez para los dos, pues ambos han visto que es un negocio en el que ambos ganan, y ninguno pierde, porque no se trata de que ellos ganen, sino que lo haga el pueblo soberano al que se deben. Y que no teman sus partidos (que es lo que estarán pensando ante este evento), pues si se midiera en votos, los que ganaría el popular Monago los igualaría el socialista que recordara el gesto de su antiguo líder.

Espero que la iniciativa reporte beneficios para Extremadura. Pero, aunque no lo hiciera, ya habría mejorado moralmente España.

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