Jueves 02 de mayo de 2013
La democracia venezolana pide a gritos que se le auxilie. La brutal agresión protagonizada por representantes de la bancada oficial contra diputados de la oposición en una sesión de la Asamblea Nacional, no sólo es condenable e inaceptable, sino que es una señal evidente de que cada vez es más cuestionable la legitimidad del presidente Nicolás Maduro como jefe de Estado. Desde que el “ungido” del fallecido Hugo Chávez fue electo en unas elecciones de dudosa transparencia, ha puesto en marcha una política sistemática para callar a los opositores de un Ejecutivo movido por los hilos del régimen de Raúl y Fidel Castro. Además de iniciar una cacería de bruja por los funcionarios y trabajadores públicos cuyos votos pudieron estar destinados al líder de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Henrique Capriles, se ha dado a la tarea de callar las voces del parlamentarismo opositor. El presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, además de anularles el derecho de palabra a los diputados de la bancada de la Unidad y privarles de su salario hasta que reconocieran a Maduro como presidente, se convirtió este martes en el vil árbitro de una agresión que como dijimos al principio de estas líneas, es incomprensible en la mentalidad democrática, sobre todo de aquellos de cultura parlamentaria como la europea.
Mientras el linchamiento del cual fueron objeto los miembros opositores tenía lugar, el teniente Cabello, continuaba con su “alocución”, como si allí no pasara nada, a la par que las cámaras del hemiciclo apuntaba hacia el techo, a fin de no dar testimonio de lo que allí estaba ocurriendo. Un vergonzoso incidente que coincide que las nuevas amenazas de Maduro hacia España, en respuestas a unas inocentes,-porque no tienen otro calificativo-, declaraciones de nuestro ministro de Relaciones Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo, comentando que el Gobierno español se ponía a disposición para cualquier mediación que el país necesite. No cabe duda que la Venezuela demócrata clama que se le escuche. El país suramericano vive una situación similar a la que sufren miles de hogares en el mundo con la violencia de genero, en donde lo vecinos oyen los golpes y los gritos de la puerta de a lado y por miedo no terminan de hacer algo. ¿Hasta cuándo la comunidad internacional va a actuar como ese vecino sordo, ciego y mudo, que no puso su grano de arena para evitar una tragedia?
TEMAS RELACIONADOS: