Economía

Los sindicatos contra la creación de empleo

Crónica económica

Jueves 02 de mayo de 2013
Primero de mayo. Es la fiesta del trabajo. Todos resaltan la paradoja de celebrarlo con 6,2 millones de parados. Sin embargo, hay algo de congruente en todo ello.

No vamos a recrearnos en las cifras del paro. Eso lo hemos hecho ya en los últimos días, tras la publicación de la última EPA. Lo peor, el montante total del paro (27,1 por ciento de tasa de desempleo), el paro juvenil (57 por ciento), que es para toda la vida, y el paro de larga duración, que es el gran drama económico y social de España, y que traerá problemas para al menos una generación entera.

El otro día, en una doliente crónica económica, me planteaba cuándo bajaría la tasa de paro del 15 por ciento. No me atrevía a ir más allá del año 2018. El Gobierno ha remitido el programa nacional de reformas a la Comisión Europea. Es uno de los trámites que tiene que cumplir, dentro del semestre europeo. Y ahí el gobierno recoge su previsión de que la tasa media de paro será del 14,9 por ciento... en 2019. Y asume que ese año el crecimiento superará el 3 por ciento, lo que no está claro. ¡Y es el 14,9 por ciento de paro, que es muy alto! De modo que con un paro muy alto hasta el final de la década, y quién sabe hasta cuándo. ¿Cuántos no quedarán relegados por muchos años del mercado de trabajo? ¿Cuántos no serán expulsados para siempre? ¿Cuántos tendrán que incorporarse con empleos de mucha menor calidad, en los que no podrán aplicar su formación, crecientemente obsoleta? ¿Cuántos no sabrán de estas desgracias hablando con amigos y familiares por Skype, porque ellos se buscaron fuera las oportunidades que no encuentran en España?

Aún con una tasa de paro del 27 por ciento, es difícil hacerse cargo del drama económico y social que representará el paro en el futuro. De modo que otro gobierno, diferente a este, diferente al anterior, algún gobierno futuro que no podemos ni concebir, tendrá que plantearse, en serio, qué hacer con el mercado laboral español.

Y ahí se va a encontrar frente a los sindicatos, esa institucionalización bífida del sindicato vertical. Han contado con la simpatía de los españoles. Han contado con la protección política de los partidos todos. Han contado con los elogios, las disculpas, las alabanzas y la defensa de la prensa. Y han contado, sobre todo, con cantidades ingentes, incalculables, de dinero, el dinero de todos. Hay que añadir, a ello, la capacidad de coacción a las empresas que se le supone, como virtud, a los sindicatos. Un cócktail que ha resultado en que los sindicatos, que deberían estar para servir a los trabajadores, se han servido de ellos. Y han protegido a unos cuantos trabajadores frente a otros y, en especial, frente a quienes buscaban empleo.

Las empresas crean empleo. Las empresas son, a veces, el propio trabajador constituido como tal. Los sindicatos, típicamente, fomentan el tipo de legislación que impone barreras a la entrada de nuevos trabajadores, como limitar una contratación más barata, o imponer condiciones de seguridad, higiene, criterios medioambientales y demás que hagan de una nueva contratación una arriesgada aventura económica. Han logrado que se blinde a los empleados con despidos muy caros, que son de nuevo una barrera para la entrada de otros trabajadores.

Y han monopolizado la negociación, por medio de los convenios colectivos. Como observan los economistas, estos convenios los deciden las grandes empresas, no las pequeñas. Es en las grandes empresas donde tienen presencia los sindicatos. En el interés de los dos está la fijación de unas condiciones relativamente generosas para los trabajadores de esas empresas. Por parte de los sindicatos, porque refuerzan la situación de aquéllos empleados. Por parte de las grandes empresas, porque esas condiciones se imponen a las medianas y pequeñas, que no pueden competir, de este modo, en costes.

Ese gobierno futuro, de un partido desconocido, o de una facción ahogada de los actuales partidos mayoritarios, tendrá que acabar con estos privilegios de unos cuantos, que suponen el perjuicio de casi todos.

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