Opinión

Regeneración democrática y reforma de los partidos

David Ortega Gutiérrez | Martes 07 de mayo de 2013
Pocas dudas hay de que nuestra democracia adolece de ciertas deficiencias que están afectando seriamente a nuestro entramado político-institucional. Si tuviera que focalizar la problemática de nuestra menor calidad democrática, apuntaría a las cúpulas directivas de nuestros partidos políticos tradicionales y a la labor que han desarrollado en estos últimos dos lustros. Para ser prácticos y útiles propondría las siguientes medidas encaminadas a mejorar la actual situación de parálisis que sufrimos debido a estas cúpulas.

En primer lugar considero esencial que las personas que acceden a la política hayan demostrado antes su valía profesional. Es importante potenciar que la política no sea el modus vivendi de nadie. Ser político desde los veinte años hasta los setenta no sé si es lo mejor para dar un buen servicio público a los ciudadanos. Parece más sensato que se esté en la política temporalmente, se aporte lo que uno pueda dar en esos años -que estimo pueden abarcar un período de cuatro a doce años- y se vuelva a su mercado laboral. Por ello considero muy perjudicial las juventudes o nuevas generaciones de los partidos políticos. Las estructuras de los partidos políticos y sus respectivas burocracias deben ser más pequeñas y flexibles, además de potenciar la labor del voluntariado en el asesoramiento. Por último, las primarias me parecen un requisito básico para el funcionamiento verdaderamente democrático del partido.

En segundo lugar hay que potenciar más las cuotas de los afiliados como forma de financiar el partido, es importante que la sociedad civil se comprometa con el desarrollo de la res pública, y si se desea otras opciones políticas, debe costearlas, al menos parcialmente. Sin duda hay que acabar con las condonaciones de créditos que las entidades financieras hacen a los partidos políticos y, por último, se debe mejorar enormemente en la transparencia de sus gastos institucionales y de partido, a través de más controles de interventores o cámaras de cuentas independientes.

En tercer lugar es primordial evitar el abuso o concentración de poder de los partidos políticos tradicionales (PSOE/PP). Para ello es imprescindible la despolitización del CGPJ y del Tribunal Constitucional, de la alta Administración del Estado o personal directivo de la Administración -que han politizado a través de la libre designación- y, por último, el excesivo control que ejercen sobre los medios de comunicación, a través de la publicidad institucional, como en diversas ocasiones ha denunciado el Tribunal de Cuentas.

Por último, hay que recuperar la necesidad de la ética en el debate político y la ejemplaridad del político, especialmente en sus cúpulas directivas. Un buen inicio sería no admitir procesados en las listas electorales, avanzar en la transparencia de la página web de los partidos en cuanto a sus gastos y gestión del dinero público, sueldo de sus cargos, currículo de sus líderes, cumplimiento del programa, etc., amén de una oficina de control de buenas prácticas del partido.

Estimo que una aplicación de estas propuestas u otras parecidas, mejorarían considerablemente nuestra calidad y eficacia democrática que, por lo demás, estamos bastante necesitados de ello.