Opinión

Una década de expansión energética en América Latina

Alieto Guadagni | Jueves 09 de mayo de 2013
La última década ha sido propicia para el avance del sector energético en América Latina. Hay tres factores que han jugado a favor de la expansión de las reservas como de la producción de petróleo y gas. El primero es el alza del precio internacional del petróleo que actualmente supera los 95 dólares, cuando en la década anterior oscilaba en torno a los 20. El segundo es que nunca como en los últimos años ha sido tan fácil financiar las inversiones energéticas en América Latina, baste decir que entre 2003 y el 2012 las inversiones directas externas se multiplican en nuestra región cinco veces, llegando ya a los 190.000 millones de dólares. Al mismo tiempo el costo del capital se ha reducido, ya que las tasas de interés internacionales registran ahora valores tan reducidos (la tasa Libor por debajo del uno por ciento anual) que ni llegan a la quinta parte del nivel de la década anterior. Todo esto es favorable, ya que para aumentar la producción de hidrocarburos hay previamente que invertir tanto en exploración como en desarrollo de las reservas descubiertas. Los buenos resultados están ya a la vista en América Latina; en la última década la producción de petróleo aumento 76 % en Perú, 58% en Colombia, 44 % en Brasil, 31% en Ecuador y 25 % en Colombia. También fue una buena década para la producción de gas, ya que aumento 6 veces en Perú, 56 % en Colombia, 49 % en Brasil, 57 % en Bolivia, 27 % en Venezuela, 22 % en México y 37 % en Trinidad-Tobago. Estos incrementos en la producción son sostenibles porque están basados en aumentos en las reservas, que han crecido gracias a inversiones alentadas por políticas sensatas en un marco de previsibilidad jurídica. Es así como, por ejemplo, Perú y Colombia duplican sus reservas gasíferas en la última década, mientras que Brasil las incrementa en un 150 %. El aumento en las reservas petroleras en la región no se queda atrás ya que se triplican en los últimos diez años. Pero Argentina es una notable excepción en este cuadro tan propicio, ya que es la única nación latinoamericana que en energía retrocede y mucho. El balance es negativo, ya que por diez años las autoridades han venido observando pasivamente como caían tanto la producción de gas como de petróleo. Ahora se produce un tercio menos del petróleo que se producía en 2003; lo mismo ocurre con el gas, ya que ahora se produce un quinto menos que lo que se producía en el 2004. Desde ya que la producción cae porque caen las reservas, esta pérdida de recursos naturales es tan grande que intentar cubrirla totalmente con importaciones de hidrocarburos nos costaría en el futuro a todos los argentinos más de 300.000 millones de dólares. Nuestra pérdida de reservas no corresponde a una maldición geológica, sino que refleja la ausencia en esta década perdida de una sensata política energética que promueva la producción.