Un año para las elecciones europeas y los grandes partidos apenas pueden achicar aguas en el terreno nacional. A la caída de los tradicionales se suma la desafección hacia Europa. El auge de los extremismos y la abstención son las grandes amenazas que planean. Partidos y movimientos de izquierdas quieren traducir el 'eurodescontento' en escaños.
Queda un año para las europeas. Lo urgente no deja ver el horizonte, pero el calendario es tajante: entre el jueves 22 y el domingo 25 de mayo de 2014, los 27 estados integrantes votarán a sus 751 representantes en el Parlamento, en Bruselas. En lo que concierne a España, donde elegimos a 50, los dos principales partidos no pasan precisamente por su mejor momento en intención de voto y los problemas internos de uno y otro no facilitan una normal preparación de la cita. Además, toca lidiar con el desencanto hacia las instituciones europeas y el fantasma de la abstención, ya elevada en 2009 (del 54 por ciento) y que se presume histórica dentro de algo más de 365 días.
Partidos de izquierda y movimientos sociales quieren convertir esa abstención en voto. Es uno de los aspectos más significativos del proceso. De hecho, dirigentes como Gaspar Llamazares, y no ha sido el más duro, han pedido un "corte de mangas a la troika". Es decir, vengarse de unos estamentos de la Unión que, según estos, están ahogando a los ciudadanos. El descontento o
'eurofobia' creciente podría materializarse asimismo, tal y como ha ocurrido ya en otros países, en el voto a opciones cuyos promotores venden como alternativas y sus detractores, como 'friquis' o disparatados.
EL IMPARCIAL ha preguntado a una voz autorizada en la materia sobre estas cuestiones.
Alejandro Barón es investigador de
FRIDE y experto en las relaciones exteriores de España con la Unión Europea.
PIE DE FOTO
¿Cree usted que la UE vive su momento más bajo en imagen en España? Seguramente sí sea cierta esa afirmación y la UE esté viviendo sus peores horas la aceptación social en España, lo cual se traduce en el estado de ánimo actual de gran parte de la sociedad. Según el último Eurobarómetro, un 72 por ciento de los españoles desconfía de la UE, mientras que sólo uno de cada cinco (20 por ciento) confía en la misma. Pero no hay que olvidar tampoco que, desde la adhesión de España en 1985, nos enfrentamos por primera vez a una crisis sistémica de la Eurozona y a la vez, y en menor medida de la UE que ha sido erróneamente diagnosticada y encarada. Esta es la causa que conlleva el efecto del 'eurodesencanto' y/o el 'eurorechazo'.
¿La abstención será más que notable en los comicios?No creo que se puedan hacer pronósticos claros, aunque ingredientes no faltan para que ésta se produzca. Ahí están los datos del Eurobarómetro, apenas citados. En mi opinión, la abstención como legítimo derecho que consiste en no ir a votar ha dejado de ser un argumento marginal (centrado en unos pocos euroescépticos tradicionales y el desconocimiento o desinterés de otros pocos hacia todo lo europeo) a situarse en un plano de abierto escepticismo u oposición por parte de grandes sectores poblaciones. Cuando una población muestra una desafección tan generalizada hacia sus instituciones se produce una deslegitimación paulatina del papel de las mismas como fundamento de convivencia. Las autoridades europeas deberían de tomar nota de este tipo de encuestas, que empiezan a generar tendencias sostenidas.
¿Opina que el descontento hacia las instituciones puede desembocar en el voto a nuevos y en algunos casos "disparatados" partidos como castigo a los tradicionales?El voto a partidos 'no tradicionales' es una tendencia que suele darse en momentos de crisis sistémica, al menos en Europa (no siendo siempre así en Asia, por ejemplo). En España, los partidos representativos de una gran mayoría social tras la Transición están sufriendo un desgaste evidente. Los últimos sondeos atribuyen resultados muy bajos a los dos grandes partidos de nuestro país (PP y PSOE), que estarían, sumando sus porcentajes de voto, casi 20 puntos por debajo de lo que solía ser el bipartidismo en España. Esto se explica por el abandono del electorado tanto en sus márgenes (lo cual ha propiciado la fuga de votos, de momento a la extrema izquierda y partidos de 'centro') como en su electorado tradicional, de bloque, por su incapacidad para reaccionar ante la crisis y la sensación de tutelaje que existe por parte de Bruselas, y sobre todo, de Berlín.
Sobre si los partidos beneficiados podrían ser "disparatados" o no (entendiendo estos como estrafalarios), no puedo pronunciarme en profundidad. Es cierto que en Alemania, el partido Pirata ha ganado adeptos y el Movimento Cinque Stelle de Beppe Grillo ha resultado ser la fuerza individualmente más votada en las últimas elecciones italianas. Sin embargo, más que movimientos societales que propugnan un cambio positivo (
rassemblement en francés), susceptibles de durar en el tiempo y que articulan una serie de ideas mediante las cuales desean plantear opciones de gobierno duraderas, son opciones de voto que tienen como denominador común el rechazo y hartazgo a ciertas ideas y políticas. Eso limita su existencia en el tiempo. En realidad, más que los partidos "estrafalarios", que pueden aportar un aspecto cómico a la política en ocasiones, me preocupan más el auge de los extremismos, los nacionalismos a todos los niveles y la xenofobia.
¿Cuál es el camino para acercar Europa y sus mecanismos, así como su relevancia, a los españoles? Creo que, hablando con sencillez, un buen camino para acercar Europa a sus ciudadanos sería profundizar en su unión política, completar la unión económica, y sobre todo, aportar grandes dosis de legitimidad al proyecto y retomar la importancia de la solidaridad social e interterritorial (vertical y horizontal) como principio de articulación de la convivencia entre europeos. Es decir, más Europa en todos los sentidos. Enrico Vinci, un gran europeísta, decía con acierto que la UE es como una bicicleta: cuando se deja de pedalear hacia adelante, el ciclista se va al suelo. La Unión Europea tiene que plantearse qué desea ser en el futuro, qué posición desea tener en el mundo y cómo conseguir ambos objetivos.
Sin embargo, tampoco creo que estemos ante una situación apocalíptica, en la que nos encontraríamos de haber una guerra a gran escala o una pandemia irresoluble. Estamos sumidos en una crisis muy grave, y en un momento de cambio crítico, en el que hay que adoptar decisiones vitales, lo cual requiere necesariamente reflexión y debate para elaborar consensos. Es la hora de la política con mayúsculas.
Este pasado jueves se presentó la Unión Europea de Federalistas (UEF) de Madrid. ¿Cuál es su tarea y su fin? Precisamente por ser este el momento y por haber demostrado la UE su capacidad como ave fénix en otras ocasiones (reinventándose en cada crisis y saliendo de ella fortalecida), desde la Unión de Federalistas Europeos (UEF) de la Comunidad de Madrid propugnamos que el cambio ha de ser hacia una Europa federal, en línea con lo expuesto por Robert Schuman en su declaración de 9 de Mayo de 1950 –declaración que celebramos hoy como Día de Europa. A medida que la organización vaya empezando a funcionar en la Comunidad de Madrid, nuestras tareas en el ámbito de la comunidad serán divulgativas, organizando charlas, conferencias y coloquios y participando en las redes sociales; académicas, con estudios y artículos en medios de comunicación, think tanks y universidades; y también sociales, intentando acercar la idea del federalismo europeo a aquellos que la desconozcan, e intercambiando ideas con los que mantengan posiciones distintas.
Los interesados en la UEF que deseen más información pueden escribir a uef.madrid@gmail.com.