Opinión

España en clínamen

Juan José Laborda | Viernes 10 de mayo de 2013
Esta semana he mantenido una sesión de debate con un grupo de jóvenes periodistas de Iberoamérica, que están becados por el “Instituto Iberis” (y que es una de las pocas iniciativas serias para que España tenga amigos entre las élites de ese continente; Telefónica apoya sus objetivos).

Comencé mi intervención con una extraña y provocadora frase: “Estáis en un país que se encuentra en un clínamen. No está al borde de una revolución, quizá porque a diferencia de otros momentos de nuestra historia, España no es el heroico país aislado de Europa, capaz de demostrar a los europeos la furia destructiva y creadora de los momentos revolucionarios. Experimentamos un clínamen, según lo definió Tito Lucrecio en su De rerum natura.”

Clínamen significa “giro”, “cambio de rumbo”, pero lo que Lucrecio quiso decir (inspirado por Demócrito y Epicuro) con ese neologismo latino es que ese cambio, ese giro, es imprevisto. El significado de esa palabra lo he aprendido en un libro encantador, escrito por un profesor de Harvard: Stephen Greenblatt: “El Giro. De cómo un manuscrito olvidado contribuyó a crear el mundo moderno.”

Este verano pasado publiqué un largo artículo en el que opinaba que el concepto de “revolución” había dejado de calificar nuestra época; ésa que comenzaba con la Revolución Francesa, y terminaba -200 años después- con el fin de la Revolución Soviética y del comunismo leninista.

Yo entonces escribí que esta nueva época que vivimos no tenía aún nombre; opinaba también que la palabra “revolución” ya no servía para denominar “cambios drásticos hacia lo mejor, hacia lo moderno”: revolución “social”, “industrial”, “demográfica”, “sexual”, “cibernética”, “culinaria”, “de la moda”, o cualquier otra revolución que se nos ocurriese (inmediatamente se convertiría en asignatura universitaria). El ayatolá Jomeini le dio la primera estocada mortal a esa palabra; luego cayó el Muro; ahora Nicolás Maduro es su símbolo más nuevo.

En el libro de Greenblatt y en Lucrecio he hallado en “clínamen” el concepto adecuado para sustituir lo que a veces llamamos revolución. “Clínamen” no implica “determinismo” como la palabra “revolución”; y a diferencia de ésta, “clínamen” contiene la idea de la “reforma”, el gran concepto de esta nueva época. La “reforma” supone la tarea actual de la política; sólo la política será capaz de guiar racionalmente a los pueblos en una época que sabemos será imprevisible.De nuevo la libertad -con los temores que suscita- se impone sobre el determinismo.

La reforma es la tarea que llevan incesantemente a cabo los países emergentes: Brasil, Chile, México, India, Corea del Sur, Sudáfrica, China, y todos los que ahora brillan con éxito económico y social.

El problema para Europa es que su estructura impide que aborde las reformas que necesita en su conjunto. Las reformas país a país son inútiles, y ese diagnóstico salta a la vista en España, Portugal, Grecia, Italia -los más afectados ahora-; pero nadie en Europa se libra de esa parálisis reformista que aqueja al Continente desde que fracasó la aprobación de la “Constitución Europea”.

Esa “Constitución” no era buena; más bien fue un confuso texto que tenía poco de “constitución”, pero cuando se hundió en Francia y en Holanda, Europa perdió el impulso reformista. A partir del año 2005, desorientada, Europa sólo de nombre seguía “Unida”.

La política nacional de cada Estado europeo se impuso sobre la europea. Después llegó la crisis financiera de 2007 y entonces se vieron crudamente los defectos de una estructura que estaba pensada para tiempos de bonanza económica. El euro, la expresión más acabada de la Unión Europea, apareció como una moneda que no tenía detrás una unidad de mercados financieros. Después de 2007 se comprobaron dramáticamente las consecuencias de una Unión Europea que seguía teniendo una multiplicidad de mercados financieros como cuando existían los marcos, las francos, las liras...etcétera. ¡Sólo que ahora no era posible devaluar las monedas para salir de la crisis!

Europa cree ilusamente que los recortes son las reformas. ¡Qué error! Eso sostuvo el presidente Rajoy esta semana en el Congreso. Tampoco acabar con los recortes solucionará nuestra profunda crisis. ¡Qué desesperación! Las previsiones del cuadro macroeconómico del Gobierno se han visto desmentidas por los acontecimientos. La relativa disminución del precio que pagamos por nuestra deuda no ha sido mérito de nuestro Gobierno, sino de las decisiones de Mario Draghi en el banco central europeo; es la única cifra positiva, pero puede ser transitoria. Todos los informes pronostican que el paro ¡no bajará del 27% más allá del año 2016!

Hace 30 años España tuvo que hacer recortes, pero se hicieron reformas. Se ajustó la Seguridad Social, pero se abordaron la reconversión industrial, la bancaria, etcétera. ¿Hay algo parecido ahora? Entonces España no pertenecía a la Comunidad Europea ¿Puede el Gobierno español hacer las reformas solo y pedir ayuda en la UE también solo? El lector tendrá la respuesta.

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