Los Lunes de El Imparcial

Rithy Panh: La eliminación

RESEÑA

Domingo 12 de mayo de 2013
Rithy Panh: La eliminación. Traducción de Joan Riambau. Anagrama. Barcelona, 2013. 224 páginas. 18,90 €. Libro electrónico: 14,99 €

Nos encontramos con una obra demoledora que describe cómo era Camboya bajo la dictadura de los Jemeres Rojos. Es probable que las generaciones más jóvenes nunca hayan oído hablar ni de Pol Pot ni de Duch, los sanguinarios líderes. Bajo su “gobierno” el país asiático sufrió un genocidio de casi dos millones de personas entre 1975-1979, respondiendo así a uno de sus lemas: “Conservándote, no se gana nada. Eliminándote, no se pierde nada”.

Así, un primer rasgo caracterizador del libro, que ha obtenido los Premios Joseph Kessel, France Televisions, Aujourd´hui y Ensayo SGDL, es su valor histórico. Pero hay más. No se trata de un trabajo producto solo de la investigación a través de fuentes primarias o secundarias, sino que aporta un fenómeno de mayor riqueza: el autor fue víctima, con solo 11 años, de la dictadura jemer, describiéndonos las condiciones infrahumanas en las que vivió él y su familia, muchos de cuyos miembros fallecieron.

En este punto aparece una de los elementos definitorios del estilo de la obra. Rithy Panh alterna las explicaciones de lo que fue su país entre 1975-1979, con extractos de la entrevista que hace a uno de los principales represores, Duch, jefe del S21, organización que torturó y mató a civiles con total impunidad. Los argumentos del genocida reflejan su sangre fría, no mostrando signos de arrepentimiento y apelando a la ideología (el marxismo), como excusa para su forma de proceder.

Los Jemeres Rojos llevaron a cabo la eliminación física de un tercio de la población camboyana; al resto, la sometieron a penalidades de todo tipo, principalmente si procedían de las clases medias y urbanas. En su deseo de implantar una nueva sociedad con únicamente dos clases (obreros y campesinos), prescindieron de todo vestigio de saber, puesto que se consideraba burgués. A modo de ejemplo: “Recuerdo haber visto, en imágenes de archivo, a cerdos paseándose por la Biblioteca Nacional de Phnom Penh, vaciada por los jemeres rojos. Derribaban las sillas y pisoteaban mondaduras. Los cerdos sustituían a los libros. Y nosotros sustituíamos a los cerdos” (pág.58).

Además, como en toda dictadura comunista, la retórica contradecía a la realidad ya que, mientras la población moría de hambre, el gobierno vivía en la opulencia: “La hambruna se agravó. El país, aturdido, era guiado con mano de hierro por aquellos que tenían arroz en su platos u oro en sus manos” (pág. 117).

El estilo de la obra es directo, con abundante manejo de bibliografía por parte del autor para contextualizar y formular una crítica a modo de condena. En efecto, Rithy Panh rechaza la condescendencia con la que se ha tratado este genocidio, llegándose a decir que Camboya se suicidó. Él sostiene lo contrario: “En los crímenes de la Kampuchea Democrática, en la intención de esos crímenes, está la mano del hombre. […]. Nadie puede considerar esos crímenes como un particularismo geográfico o como una singularidad de la historia” (pág. 91).

Más en concreto, condena la omisión que hizo la Comunidad Internacional, particularmente Naciones Unidas, y el hecho de que muchos intelectuales sigan avalando el comunismo como modelo político (pág. 91). Él insiste: “En la Kampuchea Democrática hubo un crimen de masas y una hambruna. La privación es el medio de exterminio más sencillo y más eficaz; el menos costoso y el menos explícito” (pág. 100). En consecuencia, no se puede pasar página tan fácilmente como algunos querrían sino que, por el contrario, la memoria de las víctimas debe estar siempre presente. Esta obra contribuye a tal fin de una manera tan didáctica como ejemplar.


Por Alfredo Crespo Alcázar