Viernes 17 de mayo de 2013
El presidente de la Comunidad de Extremadura, José Antonio Monago, heredó unas cuentas que tenían un desfase entre los ingresos y los gastos del 6,8 por ciento. Consiguió reducirlo en 2011 al 4,7 por ciento y al año siguiente al 1,5 por ciento, cumpliendo así con el límite impuesto para todas las regiones españolas por el gobierno de Mariano Rajoy. Todo un logro, que da cuenta de hasta qué punto las regiones se habían excedido con el gasto, y de cómo, incluso con un gobierno en minoría y de lo menos convencional, se pueden reconducir las cuentas con decisión política.
La reducción del déficit es varias cosas a la vez. Es una necesidad imperiosa, sin la cual la economía española no puede soñar con una recuperación digna de ese nombre. Es un compromiso político que es el gozne del resto de la acción de gobierno del Ejecutivo. Y es un compromiso, también, con nuestros socios del euro, que observan con preocupación la situación de nuestro país porque comparten con la moneda común los riesgos de una eventual debacle española.
El Gobierno, en uno de sus pocos éxitos con pocos adversativos, aprobó la Ley de Estabilidad Presupuestaria que le ha permitido tomar las riendas de las cuentas regionales. La utilizó a conciencia, y logró que el déficit medio se redujese del 3,3 por ciento del PIB al 1,7 por ciento. Lo ha logrado porque ha embarcado a todas las Comunidades en un esfuerzo común que, aunque parte de una realidad muy diversa, ha de confluir en una igualdad virtuosa, la del equilibrio presupuestario.
Ese éxito ha sido posible sólo por la voluntad firme del Gobierno. Ahora está dispuesto a abrir la caja autonómica de los truenos, permitiendo que haya diferencias entre las regiones. Es la segunda muestra de debilitad del dúo Rajoy-Montoro. La primera es el poco ambicioso objetivo medio del 1,2 por ciento. Los gobiernos autonómicos saben que tras esas dos cesiones vendrán muchas más. Un objetivo común recuerda a los gobiernos regionales que forman parte de una unidad y que detrás está un gobierno con voluntad para acercarnos al interés general. Lo que está poniendo el gobierno de Mariano Rajoy sobre la mesa es todo lo contrario.
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