Opinión

I-2 No siempre los subsidios fiscales son progresivos

Alieto Guadagni | Sábado 18 de mayo de 2013
En las economías avanzadas la política fiscal es una pieza clave para hacer más igualitaria la distribución del ingreso. Esto se logra tanto por el lado de los impuestos como también del gasto fiscal. El principio rector de esta política es bien simple, los ricos deben pagar proporcionalmente más impuestos que los pobres; al mismo tiempo el gasto público debe apuntar a beneficiar más a los pobres que a los ricos.

El estado de bienestar europeo fue construido a lo largo del siglo XX sobre la base de estos principios elementales; es así como el coeficiente Gini que mide numéricamente la desigualdad en la distribución del ingreso, disminuye fuertemente cuando se lo calcula “después” de la política fiscal de impuestos y gastos y no “antes”. Por ejemplo, según CEPAL la desigualdad distributiva en Francia y en Alemania antes de la política fiscal es bien alta, ya que el indicador Gini se ubica alrededor de 0,50. Pero el cuadro cambia radicalmente cuando se tienen en cuenta la incidencia de los impuestos y los subsidios sobre el ingreso efectivo de las familias. En este cálculo posterior al impacto de la política fiscal el coeficiente Gini en estas dos naciones se reduce fuertemente, ya que disminuye a alrededor de 0,30. Este impacto fiscal claramente igualitario se observa también en muchos otros países avanzados.

Pero el panorama es distinto cuando se presta atención a lo que está ocurriendo en las naciones emergentes, por ejemplo en América Latina. Por ejemplo, la desigualdad distributiva antes de la política fiscal nos da en Brasil un coeficiente Gini muy alto (0,55), pero la política fiscal no es muy progresiva ya que apenas reduce este coeficiente a un valor que sigue siendo alto (0,53). Si prestamos atención a lo que ocurre en Argentina, tenemos un coeficiente Gini antes de la política fiscal igual a 0,50, que tampoco es corregido significativamente por el impacto de la política fiscal, ya que después de los impuestos y el gasto fiscal sigue siendo alto (0,48).

El caso argentino es muy interesante, ya que en la última década el gobierno ha venido expandiendo un sistema de grandes subsidios al consumo de energía y al transporte. Estos subsidios representan más del 4 por ciento del PBI, o sea ya superan este año los 20.000 millones de dólares. El lector podría pensar que los subsidios fiscales mejoran la distribución del ingreso, ya que razonablemente deberían focalizarse en los núcleos poblaciones con menores ingresos. Pero en realidad no es así, ya que el 20 por ciento más pobre de la población argentina se beneficia y apropia apenas del 6,3 por ciento del subsidio total, mientras que el 20 por ciento más rico se apropia nada menos que del 42,7 por ciento del total de los subsidios. O sea que los ricos reciben subsidios 6,8 veces mayores a los subsidios que benefician a los pobres. Por eso esta política es propia de “Hood Robín”, ya que hace lo contrario que hacía, según la leyenda, el justiciero ingles Robín Hood.

TEMAS RELACIONADOS: