Martes 21 de mayo de 2013
Enrique Capriles sugería ayer que entre los propios seguidores de Maduro se estaría pergeñando la idea de un referéndum revocatorio ante la presunta incapacidad del actual presidente a la hora de gestionar la gravísima crisis que vive el país. Con independencia de la credibilidad que pueda tener dicha aseveración, lo cierto es que el globo de Maduro parece estar empezando a deshincharse sin que apenas le haya dado tiempo de tomar posesión del cargo.
En lo único que tiene razón el actual mandatario venezolano es que él no es Chávez. En efecto, dejó al país en un estado calamitoso, pero el hecho de ser el impulsor de la “revolución bolivariana” y un personalismo irrepetible le otorgaban un control que hoy no es tal. Desvanecido el factor sentimental que impulso a muchos venezolanos -dejando a un lado las múltiples irregularidades electorales- a votar por el heredero de Chávez, cada vez son menos los que confían en Maduro para poder sacar al país del colapso en que se halla.
El esperpéntico episodio de la compra de rollos de papel higiénico por parte del gobierno, con la excusa de un “plan desestabilizador de la oposición”, no enmascara la realidad de un país con ingentes recursos naturales, pero con una población sumamente empobrecida y que se ve abocada a soportar largas colas para poder obtener artículos de primera necesidad. El crédito de Maduro, pues, se desvanece y mengua cada día.
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